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EL ARTE DE PERDER

Martes 19 Junio 2018


Los ejemplos de Abraham y de Jesús
 


Nadie duda hoy en día de que la vida entera implica un proceso de aprendizaje continuado, más allá de la educación que recibimos en la infancia y en la juventud. En cualquier arte u oficio estamos necesitados, cuanto menos, de actualizar nuestros conocimientos, y la formación permanente ya forma parte del lenguaje habitual de las empresas y de la sociedad.
 
No es distinto, por supuesto, en la vida espiritual, o en lo que podríamos llamar el arte de vivir. Una vez hemos asentado a través de nuestras opciones y elecciones una vocación personal o familiar y un proyecto de vida, no nos podemos cruzar de brazos para, simplemente, ver el resto de la vida pasar, como si se tratara de un fruto que acabará desarrollándose y madurando por sí mismo.
 
A medida que vamos construyendo nuestro itinerario vital, que es el resultado tanto de nuestra voluntad como de las circunstancias en las que nos movemos, y que vamos alcanzando las metas propuestas, vamos también descubriendo que muchas veces nos falta la capacidad de afrontar su reto más importante: saber deconstruir aquello que habíamos alcanzado previamente, a renunciar a nuestros logros; en definitiva, a ejercitarnos en el arte de perder.
 
Una vez que ya sabemos cómo avanzar, construir, y luchar para lograr nuestros objetivos, llega el momento de practicar este arte de vida tan necesario. Para ello, la biblia nos presenta como modelos a dos grandes personajes que llegaron a dominarlo de forma destacada: Abraham y Jesús. El antiguo testamento muestra el ejemplo de Abraham, quien estuvo dispuesto a renunciar a su único hijo Isaac, ofreciéndoselo a Dios, cerrando así cualquier posibilidad humana de perpetuarse en el linaje que tanto había anhelado. En el último momento, Dios interviene y premia su entrega incondicional con la descendencia soñada.
 
En el nuevo testamento, también Jesús se mostró dispuesto a perder todo aquello por lo que había luchado durante su vida. Mas allá de las circunstancias históricas en las que fue rechazado su proyecto religioso, Jesús supo renunciar tanto a sus amigos y discípulos, como también a su liderazgo, a su reputación, a su futuro, y hasta a su vida… y lo hizo desde una profunda confianza en los caminos de Dios, sin querer ser el protagonista de su propia historia. A pesar de que Jesús también tuvo sus momentos de éxito, como cuando las multitudes lo aclamaban, llenas de entusiasmo, o en las amistades que fue tejiendo entre sus seguidores, al final de su vida fue capaz de optar por el fracaso humano, simbolizado para siempre en la Cruz. Y, de nuevo, Dios le correspondió con una nueva vida.
 
No todas las renuncias son tan trascendentes como las de Abraham o de Jesús, ni tienen el mismo final – es importante señalar que Abraham no llega a perder a su hijo, aunque sí está dispuesto a ello. Pero la clave de la espiritualidad cristiana está en llegar a entender que cada renuncia, cada pérdida, engendra una nueva vida, una pequeña resurrección, a veces tangible, otras veces diferida. Ese es el verdadero arte de perder: estar preparados para renunciar y no exigir nada, para llegar así a saborear la vida como un don gratuito, una resurrección continuada, un regalo de Gracia.
 
En palabras del maestro en el arte de perder: “Quien intente preservar su vida, la perderá, pero quien la pierda, la conservará” (Lucas 17, 33).


 


Mas sobre el tema: pablo cirujeda , reflexión
Comentarios
  1. Francisco Enriquez ( 20/06/2018 05:05:34 )
    Apreciado Pablo,

    No he tenido el gusto de conocerte pero conozco a muchos miembros de la comunidad de San Pablo.

    El tema que escogiste me toco el alma.  Me ayudo a comprender con la frustracion que siento con mi carrera profesional.  Y me sirvio para comprender el proceso que sin darme cuenta he empezado desde hace algunos anyos para enfrentar la realidad que mi profesion no tiene los alcances que yo un dia (de joven) visualize.  Y al mismo tiempo encontrar otras maneras en las que a un nivel individual la manera en que hago mi trabajo puede ser valiosa.

    He de confesarte que el pasaje del viejo testamento en que Abraham le ofrece su hijo a Dios me parece que presenta un Dios egoista y opresivo.  El ejemplo de Jesus me parecio mas adecuado aunque el mencionar que Dios le correspondio con una vida nueva me parece mercantilista e infantil.

    Gracias por leer mi opinion.

    Francisco.
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