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ESTUVE EN LA CÁRCEL Y FUISTEIS A VERME

Jueves 1 Noviembre 2018


La CSP se hace presente en La Picota, la mayor cárcel de Bogotá (Colombia)

 
 

El último jueves de cada mes, los miembros de la Comunidad de San Pablo que vivimos en Colombia sabemos que tendremos un día distinto: dejamos nuestros proyectos en la parroquia La Resurrección, donde trabajamos, y nos desplazamos a La Picota, la cárcel más grande de Bogotá, para acompañar durante unas horas a los reclusos que allí se encuentran. Hablamos con los presos, celebramos la Eucaristía y tratamos de confortarlos con nuestra visita.
 
La Picota alberga a un promedio de 9.000 hombres, y constituye un mundo complejo (como todas las cárceles), a veces difícil de entender, e indudablemente muy necesitado. Es obvio que nuestra labor, allí, es mínima, testimonial: sencillamente nos unimos a muchos otros voluntarios procedentes de diversas parroquias de la capital que cada jueves, sin excepción, llegan a La Picota para dar respuesta a las palabras de Jesús: «Estaba en la cárcel y fuisteis a verme». Es una gran satisfacción poder formar parte de este grupo entregado y alegre.
 
Con la pastoral penitenciaria pasa algo muy curioso: aquellos que no la conocen se la miran con recelo; en cambio, aquellos que han tenido la oportunidad de conocerla, se han enamorado de ella. Es cierto que abundan las suspicacias y hasta los miedos, y que para la persona que jamás ha entrado en un penal, el primer día conlleva una lógica intranquilidad. Sin embargo, la experiencia común de la inmensa mayoría de los que se deciden a ir a visitar los presos es extraordinariamente positiva. El contacto humano con los reclusos ayuda a que se desvanezcan prejuicios, y a descubrir, muy viva, la presencia de Dios en un lugar donde tal vez no pensábamos que íbamos a hallarle. Los miembros de la CSP que tenemos el privilegio de ir a La Picota no dudaríamos en afirmar que algunas de las experiencias humanas y espirituales más hondas que hemos vivido estando aquí en Colombia han sucedido precisamente detrás de las rejas de esta cárcel. Y estamos seguros de que lo mismo podrían afirmar todos los voluntarios que, con una generosidad admirable, se plantan a las puertas de La Picota todos los jueves del año. Es un ministerio diferente, que vale mucho la pena: es un ministerio que nunca decepciona.


 

Mas sobre el tema: colombia , pastoral penitenciaria , la picota
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