Centro-pueblo-Comunidad-San-Pablo

Titular noticias

IDENTIDAD Y PERTENENCIA: UN DEBATE SIN CONCLUIR

Martes 23 Julio 2019





Después de la larga pugna vivida durante milenios por el dominio de unas naciones sobre otras, que alcanzó su auge en los afanes colonialistas del siglo XIX, y la posterior reivindicación en el siglo XX de las naciones sometidas frente a las que las habían sometido hasta que se consiguió configurar una comunidad global de naciones, en el siglo XXI estamos siendo testigos de una nueva etapa de la historia moderna: la desaparición progresiva de los límites que definen y separan a unas naciones de otras. Los flujos migratorios sin precedentes, así como los efectos culturales de la globalización, están mezclando velozmente las poblaciones a nivel mundial, y han vuelto a avivar el debate alrededor de los conceptos de identidad y pertenencia.

No cabe duda de que toda persona necesita enraizarse en un colectivo humano definido para poder adquirir una identidad grupal, equivalente a los antiguos clanes o tribus: no se puede ser un individuo suelto en medio de la humanidad global, sin haber vivido antes un proceso de identificación con un grupo específico que nos define dentro de una cultura, tradiciones y valores. Hay que reconocer, hoy, que los defensores de la globalización y del concepto de la “aldea global” ignoraron esta necesidad de pertenencia local, y a la que están dando respuesta de alguna manera muchos de los nuevos nacionalismos. Hoy podemos afirmar, con claridad, que no se puede construir una sociedad global eliminando las identidades particulares: para cada uno de nosotros es indispensable la pertenencia a comunidades reales y tangibles, como también poder formar parte de comunidades más amplias como lo son las naciones, los partidos políticos, o los seguidores de un club deportivo, magistralmente descritas por Harari en su ya clásico “Sapiens”.

Estas pertenencias, reales o imaginarias, ayudan a superar las enormes diferencias que plantea la inabarcable diversidad individual presente en cualquier comunidad humana, y que sería imposible de gestionar sin aglutinar a las personas primero en colectivos abarcables y homogéneos. Esa es, sin duda, una de las funciones que desempeñan las culturas: tienden a normalizar y a generar patrones predecibles dentro de un colectivo humano. Debemos aceptar que las identidades grupales (asociaciones, regionalismos, partidos políticos, etc.), son indispensables para poder superar los retos que conlleva la diversidad individual, y así dar respuesta a la necesidad de pertenencia a un colectivo definido que experimenta todo ser humano.

Por otro lado, en el encuentro de unas culturas con otras, que hoy experimentamos en unas dimensiones antes jamás conocidas, surge el reto de descubrir en el otro, en la persona ajena y diferente, a un semejante, alguien que es capaz, como lo somos nosotros, de trascender su pertenencia a un colectivo definido para vincularse, ahora sí, con la humanidad global. Nuestras identidades de origen, indispensables para habernos podido desarrollar como individuos insertados en una sociedad, se convierten a su vez en instrumentos para podernos vincular con aquellos que se gestaron en otras sociedades, y, en ese encuentro enriquecedor, transformar nuestras propias culturas, que solamente permanecen vivas si son capaces de crecer y de modificarse en un intercambio permanente con lo diferente. La identidad de una persona, así como la identidad de la sociedad en la que está enraizada, es una dimensión viva y dinámica de la misma, siempre abierta al cambio y al desarrollo.

Desde el punto de vista de la fe, el cristianismo fue un paso más allá, al invitar a todos los seguidores de Jesús a sumarse a una identidad capaz de reconciliar toda la diversidad social y cultural conocida del momento: “Ya no hay diferencia entre judío y griego, entre esclavo y hombre libre, entre varón y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3, 28). La unión y la fusión con el otro, con el diferente, es el único camino para generar nuevos proyectos de síntesis y de fraternidad más allá de nuestra diversidad, y seguir creciendo en nuestra identidad común como seres humanos, hijos e hijas de Dios.


 

Mas sobre el tema: pablo cirujeda
Comentarios
Tu email no se mostrará en ninguna parte
Control Antispam


Últimas noticias

Archivos del blog









Contacto

1505 Howard Street
Racine, WI 53404, EE.UU.
racine@comsp.org
Tel.: +1-262-634-2666

Ciudad de México, MÉXICO
mexico@comsp.org
Tel.: +52-555-335-0602

Azua, REPÚBLICA DOMINICANA
azua@comsp.org
Tel. 1: +1-809-521-2902
Tel. 2: +1-809-521-1019

Cochabamba, BOLIVIA
cochabamba@comsp.org
Tel.: +591-4-4352253

Bogotá, COLOMBIA
bogota@comsp.org
Tel.: +57-1-6349172

Meki, ETIOPÍA
meki@comsp.org
Tel.: +251-932508188