INAUGURACIÓN Y BENDICIÓN DEL CENTRO DE DESARROLLO COMUNITARIO “CASA GARAVITO” EN BOGOTÁ, COLOMBIA

El domingo 15 de abril tuvo lugar la inauguración y bendición del nuevo Centro de Desarrollo Comunitario que la Comunidad de San Pablo ha establecido en el barrio El Pesebre de Bogotá (Colombia).
 
Dicho Centro de Desarrollo Comunitario ha sido bautizado como “Casa Garavito”, en recuerdo de Mons. Alfonso Garavito Rodríguez, sacerdote de Bogotá que desde mediados de los años 60 hasta su fallecimiento en 2006 ejerció su ministerio, con dedicación ejemplar, en el sur de Bogotá. Durante un tiempo, él mismo residió en la casa que, ahora, la CSP ha arrendado y arreglado para destinarla a fines pastorales.
 
En los locales del Centro ya funciona desde hace varias semanas el Taller de Capacitación en Corte y Confección establecido por la CSP, en el que actualmente se están formado 30 mujeres. Pronto trasladaremos allá también las clases que ofrecemos a un grupo de adultos mayores del barrio, además de tener allí una pequeña biblioteca, clases de refuerzo escolar y catequesis para niños y jóvenes.

Para la bendición de los locales contamos con la presencia del Vicario Episcopal Mons. Alberto Forero Castro, de la Vicaría San Pablo, en cuyo territorio está el barrio El Pesebre. Un buen número de vecinos y miembros de la comunidad local participaron en la sencilla celebración.
 
Es nuestro deseo que el nuevo Centro de Desarrollo Comunitario “Casa Garavito” contribuya al bienestar del sector de Bogotá donde se ubica, convirtiéndose en un lugar donde muchas personas puedan capacitarse para enfrentar, con las herramientas adecuadas, los muchos retos que la vida les plantea.
 

 

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LA RESURRECCIÓN COMO HECHO SOCIAL

En todo hay una grieta, así es como entra la luz.
Leonard Cohen (Anthem)

 
Desde siempre nuestra fe como creyentes y cristianos, especialmente dentro de la tradición católica, se define y entiende como un acontecimiento colectivo. La Iglesia, la comunidad, los sacramentos son indicadores de la importancia del carácter colectivo de nuestra fe. En realidad, por muy ermitaño que sea uno, los “Robinson Crusoe de la fe” no existen.     
 
Pero sucede que normalmente por estas fechas, cuando hablamos de la resurrección, solemos despojar a la fe de su contenido social y tendemos a replegarnos a una dimensión más íntima; la resurrección parece circunscribirse a una dimensión personal, un acontecimiento individual inaugurado por Jesus. Más allá de consideraciones teológicas lo que sigue es una reflexión sobre el significado de la resurrección desde la óptica histórica y colectiva. El objetivo es sumamente humilde: ver cómo a nivel sociológico hay una asociación entre muerte y resurrección y qué significado social puede tener esta última.
 
La pasión de Jesús no solo fue la tortura de un hombre, no solo fue el dolor físico y psicológico indescriptible de la muerte en la cruz; el tormento de la cruz también fue un acontecimiento colectivo dramático. El velo del templo partido en dos apunta a que el evento de la cruz fue una premonición también de la destrucción del templo. El Jesús crucificado no fue una mera experiencia personal, fue una tragedia con un profundo alcance social. Y es precisamente a partir de esta debacle colectiva para los discípulos que la naciente, atemorizada y débil comunidad cristiana empieza a vivir la experiencia de la resurrección, a tomar conciencia, valor, fuerza, convicción; es ahí donde la cruz se convierte también en un acto de vida un movimiento reivindicativo. La pasión como fenómeno social es en cierta manera necesaria también para la resurrección de un pueblo o de una comunidad.
 
De la misma manera que en Jesús se dio este paso de la muerte a la vida, analógicamente podemos observar como a menudo actos reprobables e injustificables de dolor y de muerte, de injusticia social, llevan de una manera y otra a dar vida.
 
No tenemos que ir muy lejos para ver algún ejemplo: El día 14 de febrero de este año hubo una matanza (una más) en una escuela en EE. UU., que se sumó a la desgarradora estadística de muertes por armas de fuego en el país. Tamaña tragedia desencadenó un movimiento popular estudiantil para exigir cambios en la regulación de la adquisición y posesión de armas.   
 
También recientemente el papa Francisco anunció la posible canonización del obispo Óscar Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la Eucaristía. Su muerte significó la expansión del movimiento de liberación contra las tiranías políticas y militares especialmente en Suramérica, pero también en otros lugares pobres del mundo.
 
Si hacemos un salto para atrás en el tiempo, en 1955 era asesinado en el estado de Mississippi, de forma cruel y macabra, el joven Emmeret Till, de 14 años. A partir de este crimen motivado por el racismo, el colectivo afroamericano se empezó a movilizar en lucha por sus derechos civiles en EE. UU.
 
Solo cinco años después, en la República Dominicana las hermanas Mirabal, tres mujeres especialmente críticas con el gobierno de Trujillo, eran asesinadas por orden del dictador: era el 25 de noviembre de 1960. En honor a ellas se escogió esa fecha para celebra el día internacional de la no violencia contra la mujer y se empezó a fraguar a nivel social una toma de conciencia sobre el maltrato machista que hoy, décadas más tarde, es una reivindicación básica de las mujeres.
 
Podríamos añadir más nombres de personas que han propiciado una resurrección colectiva a través de su propia pasión y sacrificio, como Mahatma Gandhi, o como Harvey Milk (asesinado en 1978 por su activismo político a favor de los derechos de los homosexuales en San Francisco). Y estos son solo algunos de los casos conocidos. Hay muchas pasiones anónimas, solo experimentadas a nivel local, a nivel grupal, o incluso familiar, pero que en todo caso llevan a la movilización de ese grupo en particular.
 
La pasión, al nivel que sea, hace tomar conciencia a una población o una comunidad. Es una sacudida que despierta (resucita) conciencias dormidas y que amenaza a la apatía, que nos saca de nuestra zona de confort, y nos impulsa a la acción ya sea política o social. No es necesariamente una revolución. El ser colectivo se mueve despacio, casi por generaciones, pero la mecha, el acicate, el estímulo inicial es casi siempre traumático (una pasión).
 
Todas las pasiones, como la del propio Jesús, revelan de forma dramática las grietas de una estructura social que a menudo es fuerte con los débiles pero acomodada con los fuertes. A través de estas pasiones nace la posibilidad de despertar a una nueva resurrección, un movimiento de luz, de esperanza y de cambio. La resurrección de Jesús es una invitación permanente a todos, a transformar, la injusticia social y la intolerancia en esperanza vida e integración social.

 

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CON GETSEMANÍ EN EL CORAZÓN

Dentro de la Semana Santa, esta noche empieza el Triduo Pascual, que se abre con la celebración del Jueves Santo, la conmemoración de la Santa Cena del Señor. Hay muchas formas de acercase a la Semana Santa y al Triduo. Una de ellas es considerar los distintos escenarios en los que sucede la Pasión de Cristo, texto que durante estos días leemos en dos ocasiones: en el Domingo de Ramos la versión de los sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) siguiendo los ciclos anuales del leccionario (este año corresponde Marcos) y la versión de Juan, que cada año proclamamos durante el Viernes Santo.   
 
Los escenarios de la Pasión nos llevan desde la entrada a Jerusalén, hasta la tumba de Jesús, pasando antes por la casa de Simón el leproso, el Cenáculo, la finca de Getsemaní, la residencia del Sumo Sacerdote, el palacio de Pilato, y el Gólgota. Aunque todos estos lugares son importantes, Getsemaní sigue siendo el lugar que más me conmueve, el lugar que, para mí, más sentido le da a la experiencia de la Pasión.
 
Siguiendo la versión de Marcos, tras la cena pascual, Jesús y sus discípulos se dirigen a Getsemaní. Ya en el camino, Jesús le dice a sus discípulos que lo van a abandonar, anuncia una vez más su Resurrección y predice la negación de Pedro. Llegando a la finca de Getsemaní, Jesús muestra su humanidad. Getsemaní es donde presenciamos que Jesús, a pesar de ser Hijo de Dios, sufre como hombre. Y nos atrevemos a pensar que Jesús no sufre tanto en anticipación del intenso dolor físico que le espera, sino por el pesar de abandonar a los suyos, a los que amaba. No podemos despojar a Jesús de su humanidad, no le podemos quitar a la Pasión el paso por Getsemaní. La absoluta entrega de Jesús al plan de Dios sólo tiene sentido si vemos cómo Jesús supera, una vez más, la tentación de no ser el Hijo amado de Dios.    
 
Para entender esta última tentación de Cristo, recordamos que después de la celebración del Miércoles de Ceniza, empezamos cada año los domingos de Cuaresma con el texto de las Tentaciones. Este año leemos básicamente a Marcos, evangelio en el cual el texto de las tentaciones apenas ocupa dos versos (Mc 1, 12-13.) Es Lucas el que más claramente indica que “acabadas todas sus tentaciones, el diablo se alejó de él por un tiempo” (Lc 4, 13) velada amenaza de que el diablo volverá a la carga en otro momento más propicio para él. Y ese momento es Getsemaní.
 
En Getsemaní, antes de ser prendido, Jesús manifiesta que se muere de tristeza. En el huerto de Getsemaní, Jesús le pide a sus discípulos que recen, precisamente para no caer en la tentación. En el jardín de Getsemaní, se repite la escena de la Transfiguración (como también sucede en Mateo). Jesús se lleva aparte a los mismos discípulos que se llevó en la Transfiguración—Pedro, Santiago y Juan. Jesús entonces reza en voz alta al Padre cercano, a quien se dirige como “Abba”, suplicando la posibilidad de apartar el trago del sufrimiento, sometiéndose acto seguido a la voluntad del Padre. Y como en la Transfiguración, los discípulos se han dormido, y Jesús le increpa a Pedro—que ha vuelto a ser Simón, ha perdido su identidad—y le ordena que pida no caer en la tentación.
 
¿Qué tentación ha experimentado Jesús? Si vemos el paralelo con la Transfiguración—que siempre leemos en el segundo domingo de Cuaresma, precisamente después de las tentaciones—si nos damos cuenta de que esta escena en Getsemaní es un paralelo con la escena en lo alto del Monte Tabor, sabemos que la tentación es que Jesús—en su profunda libertad—optara por no actuar como el Hijo de Dios que es, y decidiera no someterse al escarnio de la Cruz. En la Transfiguración, la voz de Dios indica a sus discípulos, “Este es mi Hijo, el amado”. Es un anuncio de la identidad de Jesús, que además lo conecta con su bautismo, pues la misma voz proclama el mismo mensaje, en un bautismo que no es de limpieza ritual—pues Jesús no tiene pecado—sino de identidad. Esto es Getsemaní: una nueva, una última tentación de identidad. El Hijo del Hombre supera en un instante la tentación de no querer ser quien es no sometiéndose a la Cruz.
 
El Jueves Santo recoge y recrea esta experiencia en la adoración que sigue a la celebración de la Eucaristía. Desde el final de la Misa hasta, como mínimo la medianoche, nos postramos ante la presencia real del Jesús que se ha debatido unos segundos en humana ansiedad entre el amor a la vida y el amor al Padre y su voluntad. El Jesús que por un instante le suplica al Padre que le despoje de su identidad. Y es la tentación superada lo que llena de significado y profundo amor la decisión firme de dejarse clavar en una cruz. Es Getsemaní que nos acerca al Dios humano como nosotros, tentado pero firme, que sufre, pero que ama como nosotros estamos llamados a amar. Es Getsemaní que nos muestra lo que somos capaces de hacer cuando nos sentimos hijos profundamente amados por el Padre. Es con Getsemaní en el corazón que nos acercamos y entendemos la Cruz, entrega absoluta al amor del Padre y al amor del prójimo. Con Getsemaní en el corazón entenderemos la belleza de la Resurrección que nos espera al otro lado de la Pascua.
 
¡Feliz Semana Santa!
 

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ELOGIO DEL MATIZ

El matiz no está de moda. De hecho, a mucha gente matizar más bien le resulta molesto. El esfuerzo por valorar y examinar con paciencia la gradación de tonos que existe en la realidad puede ser un fastidio, una pérdida de tiempo y hasta un peligro para los que quieren entender (y explicar) el mundo en términos simples, en blanco y negro. Los simplistas, por supuesto, no nacieron ayer: siempre los ha habido y siempre los habrá: lo que ocurre es que, en la actualidad, el ritmo acelerado de nuestra vida digitalizada fomenta y facilita, acaso más que nunca, el simplismo, amenazando con convertir el matiz en una especie de reliquia del pasado. En un mundo donde cualquier opinión sobre cualquier tema se debe poder resumir en los 140 caracteres de un tweet, el matiz tiene pocas posibilidades de prosperar. No debería extrañarnos que no esté de moda.
 
Reconozcámoslo: simplificar la realidad puede ser muy tentador. El relato del simplista es fácil de entender; sus protagonistas son planos (o muy buenos o muy malos); sus motivaciones burdas; sus respuestas previsibles; sus argumentos superficiales. En consecuencia, en un mundo simplificado es muy sencillo escoger bandos y distinguir entre amigos y adversarios, entre verdad y error, entre el bien y el mal.
 
Matizar, por otro lado, nos exige tiempo (¿y quién dispone de tiempo, en nuestro mundo del ajetreo?); implica escuchar al que no piensa como nosotros para entender el origen y los entresijos de sus razones (¡qué horror!, dirá el simplista); requiere que nos detengamos a examinar la historia de los procesos sobre los que queremos formarnos una opinión (¡qué pereza!, añadirá); y, sobre todo, cuando empezamos a matizar podemos encontrarnos con sorpresas desagradables: descubrir, por ejemplo, que “los nuestros” no siempre han sido perfectos y que “los otros” no siempre se equivocaban… y así, por culpa del matiz, el relato en blanco y negro puede quedar muy tocado, y eso nos asusta. El matiz, y esa es su esencia, nos revela una realidad llena de ambigüedades y ambivalencias.
 
La cuestión, por supuesto, es que un mundo simplificado, por muy agradable que sea, siempre será una mera caricatura del mundo real. La visión de quien nunca matiza puede ofrecer una semblanza de comodidad, pero es una visión miope; y a la postre, ignorar los matices de las cosas siempre será un intento, inevitablemente traicionero, de reducir fenómenos complejos a nuestra conveniencia. Nos guste o no, la vida es compleja, y el matiz, por lo tanto, imprescindible.
 
Sin él, tenemos muchas posibilidades de caer en la ignorancia: el matiz nos vacuna contra el fanatismo. Además, una sociedad que deja de matizar y se enferma de superficialidad pronto descubrirá que carece de las herramientas necesarias para enfrentar sus retos, porque ningún problema serio se resolverá jamás a base de negar su complejidad.
 
Matizar, por lo tanto, no es una opción: es una obligación. Y lo es, en especial, para quienes ocupan cargos de responsabilidad en la dirección de la sociedad. Tener una clase política simplista es de lo peor que le puede pasar a un país, y el triste espectáculo de presidentes que juegan a gobernar a golpe de tweet es un escarnio para sus ciudadanos. Hoy, por desgracia, la lista de países guiados por clases políticas que desprecian el matiz parece aumentar, en vez de disminuir.
 
En este contexto, nos parece de vital importancia reivindicar el matiz. Necesitamos un apasionado elogio del arte de matizar: sí, un elogio encendido de este arte fastidioso, pasado de moda, aburrido, cansino, incómodo… e imprescindible, sin el que volveríamos a la edad de piedra, o a la Inquisición. El deseo de matizar nunca distinguió a nuestros antepasados de las cavernas, ni tampoco a los fanatizados y miopes defensores de la ortodoxia. 

 

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LA IGLESIA, CASA DE TODOS

En medio de un episodio de violencia racista, una capilla se convierte temporalmente en refugio para una familia haitiana

 

 

Hace tres semanas un nacional haitiano mató a un parcelero de Sabana Yegua (Azua, República Dominicana) para robarle. Un hecho atroz; el culpable fue capturado inmediatamente y se encuentra en manos de la justicia. Se desató entonces una reacción desproporcionada e irracional contra todos los haitianos que viven en el pueblo, sede de la Parroquia La Sagrada Familia. Esa misma noche un grupo de personas (algunas con antecedentes criminales) tomaron las calles del pueblo y apalearon y atacaron con machetes a varios haitianos. Incendiaron tres casas, robaron y saquearon propiedades de haitianos, todo con la excusa de vengar la muerte del parcelero.
 
Desde ese momento, los haitianos del pueblo temieron por sus vidas; muchos regresaron a Haití y otros se escondieron fuera de la población, por los sembradíos. Nosotros, como iglesia, apelamos a las autoridades locales y movilizamos las diferentes organizaciones para frenar la barbarie que se estaba produciendo, haciendo un llamado al cumplimiento de la ley, al civismo y la paz.
 
La intolerancia y xenofobia contras los haitianos está presente desde hace mucho tiempo en República Dominicana, y tiene profundas raíces históricas, económicas y sociales. Se producen cíclicamente altercados y episodios de intolerancia. Cuando esto sucede, nunca falta el periodista que lanza la ridícula acusación de que el país vecino realiza una “invasión pacífica”; mezclando así episodios históricos del pasado con una situación actual de inmigración, totalmente distinta. Por otra parte, los haitianos son una pieza clave de la economía dominicana, en tanto que mano de obra para la agricultura, y a nadie le cabe duda de que las exportaciones de República Dominicana a Haití son muy importantes para el comercio de la nación.
 
Joselito, un hombre de 45 años que llegó al país para buscar una vida mejor cuando tenía 12, huérfano de padre y madre, me confesó que estaba muy atemorizado y que necesitaba protección. Él y su esposa, Milady, tienen diez hijos. Como familia numerosa tienen dificultades para poder dar a sus hijos todo lo que necesitan, pero nunca han cometido ningún delito, son residentes en el país, sus hijos han nacido aquí y los mayores ya están terminando la secundaria.
 
Decidimos trasladar a Joselito y familia a la nueva capilla de Tábara. Inaugurada el mes de diciembre, esta pequeña iglesia tuvo el honor de acoger al extranjero y al necesitado de refugio. La familia se instaló allí durante una semana, de una manera simple, sin camas ni mobiliario. Algunos vecinos recelaron, pero se impuso el sentido común: un vecino nos decía que muchísimos dominicanos tienen familia en EE. UU., en España, en Italia, en Suiza, y que a ninguno de los que se fueron a trabajar a otro lugar para ganarse la vida les gustaría que los juzgaran a ellos por el delito de otra persona.
 
Los que desataron la furia quisieron continuar y hablaban de echar a todos los haitianos del pueblo, pero no fueron secundados y las aguas volvieron a su cauce. Sin embargo, no hay que bajar la guardia: los hechos fueron muy graves, es obvio que la justicia tiene que actuar contra todo aquel que cometa delito, sea cual sea su nacionalidad, y hay que seguir promoviendo la convivencia, el respeto y la dignidad de todas las personas.  En todo caso, la Iglesia-comunidad (todos nosotros) y la iglesia-templo (los edificios) deben ser siempre una casa acogedora, la casa de todos: en esta ocasión, nuestra capilla de Tábara lo fue de una forma bien concreta y tangible.

 

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AGUA PARA KORKE ADI

Inauguración de una fuente de agua para 10.300 habitantes en Etiopía

 

En la zona rural de Korke Adi, en el Rift Valley de Etiopía, la Comunidad de San Pablo lleva dos años trabajando con grupos de ahorro para mujeres.
 
Las mujeres y sus familias pidieron a la Comunidad de San Pablo ayudarles a extender la canalización de agua existente en la ciudad cercana de Meki, a 8 km de distancia. Se quejaban de que la concentración de fluoruro en el agua subterránea que normalmente usaban era muy elevada, y afectaba gravemente a su salud. La solución: excavar una zanja de 8 km de extensión e instalar las tuberías para que el agua de Meki llegara a Korke Adi. Aceptamos el reto.
 
En tres puntos de Korke Adi se construyeron fuentes, y se colocaron tanques elevados con una capacidad de 10.000 litros cada uno. En cada punto se estableció un comité de agua encargado de su distribución y del mantenimiento de las fuentes y los tanques, así como de cobrar la cuota por el consumo, como parte indispensable para que el proyecto fuera sostenible.
 
A finales de 2017 se inauguraron las tres fuentes, celebrándolo con una gran fiesta en la que no faltaron ni el obispo de Meki ni las autoridades locales, así como la población en pleno de Korke Adi. Gracias a este proyecto, los 10.328 habitantes de la zona disponen ahora de agua potable.

 

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FEBRERO, MES DE LA AMISTAD

En el mes de febrero, la planeación de actividades de las educadoras del Centro San José de la CSP, en México, incluye actividades para aprender sobre la importancia de la amistad, y trabajar sobre el desarrollo de las relaciones sociales entre los niños.
 
Actualmente atendemos a diario a 110 niños de 2 a 6 años. En esta edad, es habitual presenciar a diario conflictos entre ellos, ya que se pelean por todo tipo de motivos: por un juguete o por cualquier objeto que creen que es solo suyo, porque algún amigo no quiera jugar con ellos, para ganar el primer lugar en la fila, porque un compañero le hizo una “cara fea”, o “le sacó la lengua”, lo empujó, etc.
 
Estas peleas son normales en los niños a esta edad, que muchas veces se defienden pegando o llorando de frustración. Algunos prefieren ir a pedir auxilio a las maestras, quienes les repiten cada vez que las manos sirven para acariciar y no para pegar, pero en estos momentos, cada uno resuelve sus problemas como puede.
 
En la convivencia diaria con los niños en el Centro San José, las maestras están la mayor parte del día resolviendo conflictos y malentendidos. Como en otros años, el mes de febrero lo dedicaron en trabajar sobre la importancia de la amistad, para fomentar el cariño hacia sus compañeros. En el desarrollo social y personal de los niños, los padres de familia también tienen una gran responsabilidad con sus hijos sobre estas situaciones, y es importante que sepan darles consejos de lo que deben hacer si se les presentan estos tipos de conflictos con sus compañeros.
 
En esta ocasión, el 14 de febrero, día de San Valentín, conocido también como en día del amor y amistad, las educadoras junto con los niños prepararon una actividad como muestra de aprecio y cariño para hacías sus compañeros: todos trajeron un regalito para intercambiar entre sus compañeros. Fue una actividad muy emotiva, llena de detalles y de abrazos entre ellos.
 
Queremos seguir promoviendo la amistad entre los niños y niñas del Centro San José, en esta edad en la que aprenden a respetarse, a pedir perdón, y a tratar bien a sus amigos y amigas, para valorarlos como un tesoro en sus vidas.

 

 

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EXHIBICIONISMO SOLIDARIO: UN PELIGRO REAL

Hoy, Miércoles de Ceniza, empezamos la Cuaresma, y empezamos escuchando una llamada que describe de forma clara y contundente el ideal de Jesús en lo referente a la solidaridad con los necesitados: “cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” (Mateo 6,4)
 
La cercanía a los pobres y el compromiso ante el sufrimiento humano para poderlo aliviar forma parte de la esencia del pensamiento cristiano, como el papa Francisco está volviendo a subrayar con sus palabras y con sus gestos de cercanía a los últimos, los descartados por la sociedad del éxito en la que vivimos. Este compromiso necesita concretarse en acciones tangibles y reales en favor de nuestro prójimo, de las personas que sufren de carencias materiales o espirituales en nuestro entorno y en el mundo entero, para ir más allá de un discurso teórico de buenas intenciones.
 
Desde hace años, en la Comunidad de San Pablo promovemos tanto obras de voluntariado como las necesarias donaciones en dinero y en especie, para poder llevar a cabo los proyectos de ayuda al desarrollo con los que estamos comprometidos, en países como Bolivia, Colombia, México, República Dominicana y Etiopía. Recibimos constantemente donativos y donaciones, así como a grupos de voluntarios que vienen a colaborar con nosotros de diversas formas: unos, con sus capacidades profesionales, como médicos, oftalmólogos y educadores; otros, aportando bienes materiales que comparten con quienes menos tienen en este mundo en el que la brecha social entre pobres y ricos sigue ensanchándose año tras año.
 
Sin embargo, es necesario recordarnos a todos una y otra vez la máxima de Jesús: “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”. En un mundo tan mediático, tan pendiente de las redes de comunicación social, y de la medición de resultados, tanto personas como instituciones benefactoras caen con frecuencia bajo la presión de poder exhibir los logros alcanzados mediante su colaboración o su donativo. La exhibición de fotos, testimonios y datos relacionados con una acción solidaria genera la satisfacción de haber podido contribuir al cambio, a veces de forma irreal, y logra calmar las conciencias heridas ante las flagrantes injusticias sociales de las que somos testigos.
 
Empezando la Cuaresma, Jesús nos reta a hacer el bien –pero en silencio, de forma discreta, incluso anónima, sin la necesidad de mostrarle a nadie los resultados obtenidos–. La ayuda gratuita, desinteresada, no solo beneficia a las personas a quienes asistimos en la medida de nuestras posibilidades. También nos enseña a vivir los valores de la humildad y de la discreción, y a alejarnos de todo protagonismo frente a un mundo acostumbrado a mostrar y a reconocer cada acción emprendida, incluyendo las iniciativas solidarias. Pensemos en el desafío que Jesús nos plantea hoy: ¿es capaz de vivir mi mano derecha sin saber lo que hace la izquierda?

 

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SÍ, QUIERO

Matrimonios en la Diócesis de San Juan de la Maguana, República Dominicana
 

El pasado día 25 de noviembre, 18 parejas de la parroquia de La Sagrada Familia se dieron el «sí, quiero», en la catedral de San Juan de la Maguana, donde se casaron, en una misma celebración, un total de 174 parejas.
 
Fue esta una importante ceremonia de bodas de toda la diócesis, en una catedral abarrotada de parejas, testigos, cantos y mucha alegría. No se trataba del matrimonio de personas jóvenes, sino que el promedio de edad de los novios sobrepasaba los 40 años.  En la República Dominicana el matrimonio, incluso el civil, es poco común. El temor al compromiso, el respeto a la indisolubilidad del sacramento, así como otros factores sociales, económicos y psicológicos se juntan para que el matrimonio sea algo infrecuente.
 
En una de las charlas que dimos a estas 18 parejas, alguien les dijo que eran todos unos valientes, ya que si ya una boda por lo civil es rara, un matrimonio por la Iglesia es, en este contexto social, casi un acto contracultural.
 
Aplaudimos la decisión de la diócesis de celebrar estas bodas colectivas, que reafirman el amor que ya existe en las parejas, bodas que fortalecen a las familias creadas, y que llenan de orgullo a los contrayentes y sus parientes. Terminada la celebración, esas 18 nuevas parejas paseaban por sus comunidades sonrientes, felices, sabedoras que aunque ya tenían muchos años de vida compartida, ahora iniciaban de una forma u otra una nueva etapa llena de bendiciones. Nosotros lo celebramos con ellos.
 
¡FELICIDADES!

 

 

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NO SOLO EL TATUAJE ES PARA SIEMPRE

Reflexión en torno a la Fiesta de la Candelaria

Mis padres, que llevan 59 años casados, iban cada año, el 2 de febrero, a la celebración de La Candelaria al colegio Marista de Badalona, como miembros de la asociación de padres de alumnos. Ese día se conmemoraba la presentación de Jesús en el templo, un día especial porque los esposos renovaban sus promesas matrimoniales.
 
Es una bonita fiesta, que me llevó a escribir esta reflexión. La renovación de las promesas del matrimonio, por supuesto, se puede realizar en cualquier momento del año. Eso sí, el 2 de febrero se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada.

La presentación de Jesús en el templo por sus padres obedece al mandato de la Ley de Moisés, por el que a los 40 días de nacido un niño tenía que ser presentado en el templo. El 2 de febrero se cumplen los 40 días, contando desde el 25 de diciembre. La Ley de Moisés mandaba que el hijo primogénito de cada hogar le pertenecía a Nuestro Señor, y que los padres tenían que rescatarlo pagando por él una limosna en el templo.
 
La presentación de los esposos en el templo para renovar las promesas matrimoniales −la unión en el Señor−, es muy adecuada para este día. También lo es la celebración y la renovación de las promesas de los que han entregado la vida a Dios. Al igual que el primogénito de cada familia judía, le pertenecen a Nuestro Señor. Esta pertenencia, que es de hecho de todos los creyentes, se traduce también en fidelidad.
 
Pero se nos antoja que la fidelidad, la opción de algo “para siempre” −a excepción del tatuaje−, no está de moda. En un siglo de sobreabundancia de ofertas, ante tan gran abanico de oportunidades y tantas puertas abiertas durante el trayecto de una vida, se hace difícil optar definitivamente por un camino. El P. Isaac Riera, MSC, escribía hace un tiempo sobre “la voluntad debilitada”[1] y apuntaba que “el hombre postmoderno es un hombre atiborrado de estímulos, de sensaciones, de deseos, pero carece de fuerza de voluntad.” Quizás sea esta una de las causas de la poca perseverancia de algunos matrimonios o núcleos familiares, o incluso del descenso en vocaciones a la vida consagrada.
 
Aunque actualmente se hace una lectura negativa de la fidelidad, como si fuera un valor de tiempos pasados, relacionado con la resignación y con una ética de prohibiciones, se trata de un ejercicio libre, hermoso y creativo. La fidelidad es una elección, un compromiso, una opción fundamental, −sea con la pareja, los hijos, los principios, la profesión−, que implica coherencia con uno mismo, pero que encuentra un buen número de obstáculos y requiere perseverancia.
 
Para alcanzar esta perseverancia, Monseñor Grullón, Obispo de San Juan de la Maguana, en la República Dominicana, ponía esta simpática cuestión a los feligreses acerca del matrimonio: “¿Qué es mejor, conquistar o conservar?” A la respuesta de muchos que conservar era mejor, les explicaba que eso era dejar algo congelado, tal como estaba, con el peligro de que fuera deteriorándose. Por el contrario, conquistar era una labor del día a día. Así mismo lo expresa poéticamente el cantautor Víctor Manuel: “Día a día me creces dentro, día a día, porque te quiero, siempre estoy atizando el fuego.”
 
Aprovechemos hoy, día de la Candelaria para recordar nuestra opción fundamental y nuestra fidelidad, una fidelidad creativa y renovada. Una fidelidad en la que seguimos, día a día, atizando el fuego para reavivar la llama. Solo así nuestras elecciones, nuestras opciones fundamentales −y no solo el tatuaje−, pueden ser para siempre.

 

 


[1] https://clubjaimeprimero.wordpress.com/2017/03/13/la-voluntad-debilitada/
 

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