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CON LOS OJOS DE LA FE

Martes 27 Junio 2017


El camino de la vida – lo sabemos muy bien – está jalonado de acontecimientos y circunstancias que nuestra naturaleza humana intenta comprender, a medida que suceden, para poderlos asumir y seguir avanzando por el itinerario vital. Se trata de vivencias y aprendizajes de diferentes sabores e intensidades, pero que vamos acumulando de forma inevitable, y que van moldeando nuestra personalidad.
 
Podemos distinguir tres formas o miradas diferentes que comúnmente empleamos a la hora de valorar una experiencia significativa, sea ésta más positiva y deseada, fruto de nuestro esfuerzo, o trátese de un evento fortuito o incluso indeseado que nos sorprende o golpea de forma imprevista.
 
En primer lugar, solemos mirar la vida desde la Razón, buscando responder a los “cómo” de un acontecimiento: ¿cómo se ha producido, qué motivos han propiciado que hayamos llegado a la situación actual? Pareciera que entender los procesos que han desencadenado un evento nos produjera un cierto alivio, adquiriendo la certeza de, al menos, haber podido comprender.
 
En segundo lugar, está la mirada sobre la realidad que nos plantean nuestros sentimientos o emociones, y que se centran en los “por qué” de los eventos de la vida: ¿por qué en este momento, por qué de esta manera? Intentamos asumir la carga emocional derivada de los acontecimientos, así como las consecuencias que éstos acarrean sobre nuestras vidas. La comprensión emocional del camino de la vida es tan importante como la racional, y también nos ayuda a aquietarnos y a ir integrando los sucesos que la van configurando.
 
Finalmente, la Fe nos propone una tercera mirada sobre la vida, distinta de las dos anteriores. Renunciando a los “cómo” y a los “por qué”, busca más bien responder a los “para qué” de los sucesos, para llegar a abarcar su finalidad. La Fe busca el sentido último de los acontecimientos intentando responder a las siguientes preguntas: ¿Para qué han sucedido las cosas que me sitúan ante esta situación, estas personas, estas circunstancias? ¿Qué actitud demandan de mí? ¿Qué puedo hacer yo para responder a esta nueva realidad?
 
Estamos poco acostumbrados a contemplar la vida y sus eventos con los ojos de la Fe. Nuestra forma de pensar occidental nos mueve a emplear más una mirada analítica, que nos aleja de una comprensión finalista de nuestra vida. Queremos comprender los sucesos por lo que son, y no tanto por lo que pueden llegar a significar. Sin embargo, llegar a comprender los “qué” y los “cómo” de los acontecimientos no siempre significa encontrar respuestas con las que poder avanzar y construir un camino que dé sentido a la vida.
 
En el evangelio, Jesús nos propone un camino de vida centrado en el significado que le podamos dar a la misma, especialmente al compartirla con los demás, y que se aleja del querer buscar respuestas al “por qué” de las cosas. La voluntad de Dios a la que Jesús se encomienda no es tanto un secreto oculto que haya que descubrir para poder comprender el sentido de la vida, sino un compromiso personal para contemplar, con los ojos de la Fe, cada reto y cada oportunidad que la vida nos presenta, e intentar formular una respuesta positiva ante ellos.


 

Mas sobre el tema: pablo cirujeda , reflexión
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