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Miércoles 28 Abril 2021
 

Todos sabemos que vivimos en un mundo definido por el modelo económico capitalista, donde casi toda nuestra actividad se centra en el trabajo, en la forma de obtener dinero para poder vivir. La capacidad adquisitiva marca nuestro estilo de vida, nuestras costumbres y hábitos, nuestras relaciones y hasta el desarrollo de nuestras capacidades. Y en este mundo, organizado así, las mujeres tenemos un reto añadido.

Nosotras sabemos qué nos pasa cuando tenemos la menstruación: cansancio, dolor, malhumor, susceptibilidad y, lo que es peor, el sangrado. A pesar de ello, con una pastilla para el dolor, quizá otra para controlar el estado de ánimo, y una buena compresa, tampón u otro dispositivo, podemos seguir adelante y estar a la altura de las exigencias. No me voy a centrar en el gasto extra que esto supone. No nacemos con estas pastillas en las manos, ni tampoco con las compresas. Tenemos que comprarlo, y para según qué producto, ¡hasta pagamos el IVA! De modo que ser mujer conlleva un gasto adicional.

Lo que acabo de describir es nuestra suerte en España o en cualquier país desarrollado. Pero, ¿qué pasa en los países en vías de desarrollo? ¿Qué pasa en Etiopía? ¿Qué les pasa a las estudiantes adolescentes en las escuelas rurales de Meki, donde trabajamos?

Les pasa exactamente igual que a nosotras, pero con la diferencia de que no tienen recursos ni para las “pastillas mágicas” ni para comprar compresas. Es frecuente ver a niñas que se duermen en clase, o que parece que estén en otro sitio, que no juegan en la hora del recreo y se muestran poco participativas y reservadas. Son primerizas en la menstruación, que para ellas es un tema tabú; de repente ya no son niñas, sino mujeres porque ya pueden procrear. Ahora la sociedad las mira diferente, y ellas necesitan tiempo para asumir los cambios.

Además de lo anterior, lo más frecuente es constatar la “falta” en las listas de asistencia a clase. Es decir, la mayoría de las chicas adolescentes tienen una ausencia escolar de un promedio de tres días al mes debido a la menstruación. ¿Por qué? Algunos motivos son culturales: vergüenza, tabú, impureza, etc. Otros serían los mismos que tendría cualquier mujer en países más desarrollados si no dispusieran de un “kit de mujer”: no se encuentran bien y/o no tienen medios para controlar el sangrado. Quizás los días que faltan a clase son precisamente los días de los exámenes finales… O se han perdido la clase del tema que sale en los exámenes, o simplemente han perdido el hilo de la historia de su país y ahora les cuesta más seguir la explicación del profesor.

En el proyecto “Aulas para la Igualdad”, que llevamos a cabo en tres escuelas rurales de la zona de Meki, les hablamos a los alumnos y a las alumnas sobre el respeto a los derechos humanos, sobre aquellas situaciones cotidianas y de la vida que se dan en detrimento de estos derechos y en las que las mujeres, por desgracia, solemos ser la parte más directamente perjudicada.

Además de estas sesiones educativas, queremos cortar de raíz el problema de la ausencia escolar debido a la menstruación. No es justo que una chica no pase los exámenes porque no ha podido hacerlos, o porque su asistencia a clase ha sido irregular y tiene lagunas en los conocimientos aprendidos. Y esto tiene una solución inmediata.
Los “Girl’s Clubs”, que en español lo podemos traducir por “equipos de chicas adolescentes”, son grupos que se organizan en el ámbito escolar. Es una iniciativa que se lleva a cabo en varios países africanos y que tiene muy buena respuesta. Se trata de formar grupos de chicas adolescentes, con una maestra como líder o responsable, que se reúnen quincenalmente y en los que se tratan temas sobre la salud de la mujer, la adolescencia, los cambios corporales como la menstruación, sus tabúes, y creencias, sus derechos como mujeres e igualdad con respecto a los hombres, además de otras dudas e inquietudes. También preparan cortas representaciones teatrales en las que se escenifican situaciones de desigualdad que se dan en su vida diaria y que exhiben, con mucho éxito, durante el festival de la escuela, el día de fin del curso.

Nosotras hemos querido apoyarlas con otras actividades complementarias como, por ejemplo, dinámicas de grupo para reforzar su autoestima, o con la elaboración de compresas para la menstruación.

En las zonas rurales un paquete de compresas, que no siempre se encuentran a la venta, es muy costoso y las chicas no pueden permitirse este gasto de forma mensual y durante la mayor parte de su vida.  Normalmente las mujeres usan trapitos y evitan salir de sus casas. Lo que les proponemos hacer a las chicas del grupo de adolescentes es un taller en el que aprenden a confeccionar compresas lavables y reutilizables. Confeccionar una compresa de este tipo puede costar lo mismo que un paquete de compresas convencional con la diferencia de que el gasto se realiza una o dos veces al año, dependiendo del uso y el cuidado. Además, las obsequiamos con unas braguitas y una pastilla de jabón para lavarlas. En el taller utilizamos una compresa ya elaborada como modelo y van siguiendo los pasos hasta completarlas. Obviamente no todas tienen la misma destreza en la costura, pero con la práctica van mejorando. Les enseñamos cómo se utilizan y cómo mantener una buena higiene femenina. Además, y con coordinación con el programa de educación en salud y primeros auxilios que también realizamos en las escuelas, les proporcionamos, cuando lo necesitan, medicamentos para calmar el dolor y puedan atender clases con mejor disposición.

Y de esta manera ya tienen el “kit de mujer”, listas para la escuela, listas para el trabajo, y listas para seguir superando obstáculos en la carrera por una vida digna en la que haya igualdad de oportunidades para todas y todos.


 

Miércoles 21 Abril 2021
 
Dolores Puértolas, responsable del proyecto (última por la derecha) con Mons. Tomás Alejo
Concepción y las autoridades civiles que asistieron al acto.


El pasado 12 de marzo tuvo lugar la inauguración y bendición del ecohotel y casa de retiros Altos de la Caobita. Se trata de una iniciativa de la Comunidad de San Pablo en Barrera, República Dominica, que pretende promover un espacio de retiro y ocio en medio de la naturaleza. El fomento del turismo sostenible y la creación de puestos de trabajos directos e indirectos son algunos de los objetivos principales, así como la preservación del medio ambiente en un entorno privilegiado, con la Sierra de Martín García como Parque Nacional de trasfondo y la reserva científica de los manglares de la zona de La Caobita. El proyecto, una empresa social sin fines de lucro, va de la mano de un proyecto del pueblo de Barrera centrado en el desarrollo agroforestal, turismo comunitario y sostenible y capacitación laboral.

El proyecto tiene capacidad para alojar 18 personas en villas y espacios familiares, así como amplio espacio de acampada. Promueve caminatas y paseos en barca por la zona y es un lugar ideal para desconectar del ajetreo de la vida, reponer fuerzas y orar y meditar frente a la maravillosa vista de la playa Caobita.

La bendición del espacio estuvo a cargo de Mons. Tomás Alejo Concepción, obispo de San Juan de la Maguana y contó con la presencia de Antoinette Mensah, directora de la oficina de misiones de la archidiócesis de Milwaukee, así como de diversas autoridades regionales, destacando la presencia de la gobernadora, Grey Pérez, y la senadora Lía Díaz. Agradecemos la ayuda de instituciones y amigos de República Dominicana, EE. UU. y España que desde hace largo tiempo han venido colaborando para la realización de este proyecto.


 

Martes 13 Abril 2021
 

Repasando experiencias de distintos miembros de la Comunidad de San Pablo en esta Semana Santa pasada, reproducimos aquí este testimonio de Pablo Cirujeda desde la Ciudad de México
 
En el marco de las celebraciones de Semana Santa que organizamos en la Rectoría del Rosario, en la Ciudad de México, con el apoyo de otras tres parroquias del decanato, tuvimos la idea de organizar un lavatorio de pies diferente para el pasado Jueves Santo.
 
Desde hace un año estamos cocinando y entregando comida a la población desempleada y en situación de calle que se congrega alrededor de la terminal de autobuses y parada de Metro Observatorio, justo en el límite parroquial. Esta actividad se realiza cada martes y jueves, y hemos podido compartir ya más de 15.000 comidas calientes en el tiempo transcurrido.
 
Pensamos en realizar para el Jueves Santo un lavatorio de pies tras la entrega de comida a todas las personas que quisieran recibir este gesto arriesgado y humilde de Jesús. Tras un año caminando con esta población marginal, son innumerables las historias y encuentros que nuestro equipo de pastoral ha atesorado con ellos: historias de violencia, marginación, esperanza, adicciones, lucha, migración…
 
Sin embargo, a diario somos testigos de la carestía en la que se encuentran estas personas, y de que en muchas ocasiones nos han solicitado apoyo con ropa, zapatos o medicinas. ¿Cómo lavarles los pies y ver que esos mismos pies regresan a unos zapatos rotos y gastados? Así que durante el tiempo de Cuaresma nos dedicamos a juntar zapatos nuevos o usados en buen estado entre muchos voluntarios y donantes, y también calcetines para completar cada par.
 
Llegado el Jueves Santo, tras la entrega al mediodía de las habituales 250 comidas, invitamos a nuestros protagonistas a dejarse lavar los pies por alguno de los cuatro sacerdotes presentes, o por algunos voluntarios de este proyecto comunitario. Uno a uno fueron pasando por este sencillo ritual, terminado el cual les pudimos obsequiar con un par de zapatos y calcetines nuevos.
 
Gracias al apoyo de un nutrido grupo de voluntarios de las cuatro parroquias que colaboramos con este proyecto, incluido un coro juvenil, la ceremonia se realizó con orden y mucha emoción por parte de las personas que salían obsequiadas con su calzado nuevo.
 
Este Jueves Santo, a pesar de las necesidades que ha generado la pandemia, pudimos compartir un poco de solidaridad con algunos de los más afectados por la falta de empleo y de un hogar digno.


 

Domingo 4 Abril 2021
Deseamos un muy feliz Pascua de Resurrección a todos los lectores de este blog, amigos y amigas de la Comunidad de San Pablo.
 



Domingo de Pascua: La cicatriz

En la piel del tiempo hay una cicatriz.
El tiempo, gato viejo, se la mira, mas no entiende.
¿Qué ocurrió aquel domingo?
 
La Herida puntual que nunca
llegó tarde a su cita
en la vida de bacilos, cangrejos y lagartijas,
iguanas, tortugas, felinos, dromedarios y camellos
y ese mono que ahora piensa
y sabe amar,
la Herida vencedora de todas las batallas,
 
aquel domingo del sol
fue derrotada.
 
Dejó una cicatriz
en la piel tersa del tiempo.

Y la luz dividió en dos
la danza del universo.


 

Viernes 5 Marzo 2021

El centro de desarrollo de la Comunidad de San Pablo en el barrio El Pesebre de Bogotá ha dado inicio a sus actividades de 2021 a pesar de la situación de pandemia

 
 
En Colombia el calendario escolar anual empieza en febrero y termina a finales de noviembre, y los programas educativos que la CSP desarrolla en “Casa Garavito” siguen este mismo calendario. Después de un 2020 marcado por las restricciones impuestas por la pandemia, en 2021 el curso ha empezado con ánimo y buen ritmo, a pesar de que la situación continúa siendo delicada.
 
En este nuevo año escolar le planteamos a la profesora de los cursos de Corte y Confección que trabajara veinte horas semanales (ocho más que en el pasado), para así poder acomodar las estudiantes en grupos más pequeños, en los cuales se pueda conservar el distanciamiento social. Ella aceptó la propuesta, y el 1 de febrero empezó con ocho grupos de a seis alumnas cada uno, por un total de 48 estudiantes (y tenemos lista de espera). Cinco grupos están formados por mujeres que ya habían iniciado su formación en años anteriores, y hay tres grupos nuevos, de estudiantes que apenas empiezan su instrucción en el manejo de las máquinas de coser.
 
Por otro lado, el profesor que ofrece clases de refuerzo escolar a niños y niñas de primaria inició también la primera semana de febrero con un total de 20 alumnos (la capacidad del aula que usamos para este programa, con las medidas de bioseguridad, no permite aumentar este número), divididos en cuatro grupos, a los que atiende todas las tardes, de martes a viernes.
 
En 2021 también hemos ampliado las horas de servicio de las dos terapeutas que ofrecen acompañamiento psicológico a personas del barrio: ahora entre las dos trabajan 25 horas semanales, y están viendo a un promedio de cincuenta pacientes.
 
Asimismo, la enfermera que la CSP contrató en 2020 para que realizara visitas domiciliarias a personas enfermas de los barrios en los que trabajamos sigue animada con este proyecto, viendo a un promedio de 10 a 15 enfermos por semana.
 
A finales de febrero también reiniciamos las clases de guitarra para niños en Casa Garavito, que quedaron interrumpidas hace un año a causa de la pandemia. Por razones obvias, todavía no hemos podido reiniciar las clases de formación para adulto mayor… para eso estamos esperando que la situación mejore, ¡aunque varios abuelos del barrio ya nos han manifestado su deseo de que no demoremos mucho, pues echan de menos sus clases!


 

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