navidad

NAVIDAD PARA TODOS

En estos días de celebraciones navideñas nos llega desde la República Dominicana esta reflexión del P. Esteban Redolad… que, si a ratos nos hace sonreír, también, indudablemente, nos invita a reflexionar.
 
 
La fiesta de la Navidad es una de las fiestas más conocidas e universales del planeta. No es de extrañar que sea, de una manera u otra, una fiesta para todos.  Una fiesta para…
 
Los que están al tanto de que no es casualidad que la Navidad sea el solsticio de invierno (o sea, que ya era fiesta antes de que fuera Navidad).
Los que van a la misa del gallo apenados por que la Navidad ya ha perdido definitivamente su sentido religioso.
Los que intentan, y logran, sin pena, vivir la Navidad en su sentido religioso y también celebran y también van a la misa del gallo.
Los que no saben que la Navidad tiene un sentido religioso, pero disfrutan de ella religiosamente (esos no van a la misa del gallo, aunque algunos quizás sí).
Los que saben qué es la Navidad y por eso no la celebran, y los que no lo saben, pero la celebran.
 
Los que quieren celebrar la Navidad y no pueden.
Los que están con los que no pueden celebrarla, para que sí puedan.
Los que creen que el espíritu navideño es el más humano de los espíritus, y también el más divino.
 
Los que sospechan que la Navidad es la mejor estrategia de marketing desde… ¿el siglo XIX? 
Los que calculan el gasto (de compra y consumo) de las bombillas navideñas del vecino, más que nada por envidia. Estos suelen ser los del punto anterior.
Los que también sospechan lo del marketing y por eso se acuerdan de los que están fuera de esa estrategia.
 
Los que creen que la Navidad es pura demagogia: “tal y como está el mundo no estamos por cursiladas…”
Los que piensan que tal y como está el mundo, la Navidad es una ventana imprescindible a la solidaridad, a la esperanza y generosidad.
 
Los que no pueden ya más con los villancicos, pero caen rendidos ante el champán.
Aquellos para quienes la Navidad significa un reencuentro familiar, y les encanta. Y los que no les encanta tanto.  
Los que recuerdan a alguien amado que se fue, y duele, y sin embargo celebran.
 
Los que experimentan la Navidad como unas memorias difusas en la resaca del día de San Esteban.
Los que no saben que el 26 de diciembre es el día de San Esteban.
Los que en la Navidad hacen su agosto.
Los que celebran la Navidad en pleno verano, sin frío, sin nieve y con arbolitos de plástico (en el sur).
Los que no saben que es el solsticio de invierno (en el norte).
 
Y finalmente los que sabemos que la Navidad es un poco todo esto, porque, al fin y al cabo, la Navidad es para todos.

 

NAVIDAD PARA TODOS Leer más »

LA IDEA ES DARLE POSADA

Martí Colom
 
Hoy, día de Navidad, los creyentes no sólo recordamos el hecho histórico del nacimiento de Jesús, hace 2016 años. También celebramos que Dios, que con aquel nacimiento quiso llegar a nuestro encuentro de una forma nueva, sigue presente entre nosotros. Celebramos hoy la fiesta de la cercanía de Dios: Dios quiere, como quiso en Belén, estar a nuestro lado, acompañarnos, ser uno de nosotros, alentarnos, consolarnos, ayudarnos, darnos una vida de plenitud…
 
Y sin embargo, en la hermosa lectura de Lucas que escuchamos en la misa de medianoche (Lc 2,1-14) hay una frase inquietante, que casi podría parecer un detalle sin importancia —pero no lo es, y sí la tiene: «Le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada». No hubo lugar para ellos en la posada.
 
Jesús no nació en un establo porque a José y a María les encantaran los bueyes y los burros; ni para que siglos después nosotros pudiéramos montar un bonito pesebre en nuestras casas cada diciembre, con sus casitas, un río de papel de plata, un poco de musgo representado un prado y el establo en medio de todo; Jesús nació en un establo porque no hubo nadie que quisiera abrir las puertas de su casa a sus padres.
 
En medio de la alegría de este día, es bueno prestar atención a este detalle… y ya que no estamos recordando sólo un hecho histórico de hace veinte siglos, sino celebrando la relación viva, hoy, de Dios con nosotros, debemos preguntarnos muy seriamente si también nosotros, a veces, no le cerramos nuestras puertas.
 
Lo hacemos cada vez que se las cerramos a un necesitado. Y cada vez que excluimos a Dios de nuestros pensamientos y de nuestra toma de decisiones. Y cuando hacemos oídos sordos a una frase exigente de su evangelio. Y cuando se nos acerca alguien con problemas y nosotros miramos hacia el otro lado. Y cada vez que desalojamos a Dios de nuestro corazón…
 
Celebrar de verdad la Navidad es decir que sí a la venida del Señor, y decir que queremos, de verdad, acoger la presencia de Jesús en nuestras vidas. Celebrar de verdad la Navidad, por supuesto, también significa que estamos a gusto con un Dios que se hace humilde, frágil y pequeño… que renunciamos a toda arrogancia, a sueños de grandeza… y que estamos a gusto con un Dios que es príncipe de la paz, y que renunciamos de una vez por todas a cualquier forma de violencia.
 
Celebremos, ¡por supuesto!, el nacimiento de Jesús… entendiendo que, hoy, la idea es darle posada.

 

LA IDEA ES DARLE POSADA Leer más »

Este sitio está registrado en wpml.org como sitio de desarrollo. Cambia a una clave de sitio de producción en remove this banner.