NIÑOS DE CASA SAN JOSÉ EN COCHABAMBA: MENSAJE DE ÁNIMO ANTE LA PANDEMIA
¡Esperamos sacarles una sonrisa con este mensaje tan amoroso!
NIÑOS DE CASA SAN JOSÉ EN COCHABAMBA: MENSAJE DE ÁNIMO ANTE LA PANDEMIA Leer más »
¡Esperamos sacarles una sonrisa con este mensaje tan amoroso!
NIÑOS DE CASA SAN JOSÉ EN COCHABAMBA: MENSAJE DE ÁNIMO ANTE LA PANDEMIA Leer más »


¿QUÉ VAMOS A HACER AHORA, SIN EL CUERPO Y CON UNA TUMBA VACÍA? Leer más »

La Semana Santa de 2020 es mi primera Semana Santa como párroco. Tuve experiencias maravillosas en la parroquia en el sur de Milwaukee donde serví como vicario parroquial durante tres años, pero me parecía algo especial celebrar la Semana Santa como “pastor” de una comunidad parroquial. Por un lado, estando en la República Dominicana, consideraba la posibilidad de montar un burro el Domingo de Ramos. Sin embargo, lo que más tenía en mente y en mi oración era el lavatorio de pies del Jueves Santo. Incluso me emocionaba cuando pensaba en ofrecer ese potente signo de liderazgo de servicio para las comunidades de La Sagrada Familia y también para los hombres del programa de catequesis que se están preparando para el bautismo en la cárcel local.
Pero no, no hubo burro el domingo y hoy no lavaré los pies. Lo primero, por supuesto, es un poco tonto. No obstante, en términos de un Jueves Santo sin lavar los pies, me he visto obligado a reflexionar sobre el significado más profundo y el "por qué" de este signo. Como tal, esta oportunidad única puede servir para captar una experiencia más profunda del significado de este signo particular de Jesús en el Evangelio de Juan, que repetimos todos los Jueves Santos, menos el de este año.
Para empezar, creo que todos estamos de acuerdo en que el servicio es importante no solo en términos del discipulado, sino también para llegar a ser una persona decente. En muchos círculos usamos el lenguaje de "devolver" lo recibido. Hacer unas horas de servicio es importante para ingresar a la universidad, para obtener becas, para trabajos e incluso como un medio de restitución en delitos menores. Los padres hablan de querer que sus hijos hagan algún tipo de servicio para "apreciar lo que tienen". Sin embargo, este Jueves Santo debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿A qué se refiere Jesús cuando les dice a sus discípulos después de lavarse los pies, “… os dejo un ejemplo para que, igual que yo he hecho con vosotros, hagáis también vosotros"? (Jn 13, 15) ¿En qué se diferencia esto de un sentido más general de que el servicio es algo bueno?
Primero, Jesús quiere demostrar en el lavado de pies que un verdadero maestro siempre sirve. Está dispuesto a "rebajarse" para servir a los que le siguen. Esta idea es un reflejo del ministerio de Jesús en la Tierra en el Evangelio de Juan, como la Palabra o el Hijo que fue enviado para unir a los que "creen" en él en el amor del Padre (cf. Jn 15,9-10; 17,21). Por lo tanto, aquellos que creen en Jesús y realmente lo siguen están llamados a servir, como resultado y expresión del amor. El mandamiento que Jesús da poco después de lavarse los pies no es de servir por el servir, sino "igual que yo os he amado, también amaos unos a otros" (Jn 13,34).
El fundamento de este signo es el amor que se comparten el Padre y el Hijo, y que Jesús fue enviado para compartir con el mundo (cf. Jn 3,16). Según lo descrito por Jesús en el Evangelio de Juan, este es un amor fiel, leal y de servicio "hasta el extremo" (Jn 13,1). Tal sentido de fidelidad por amor refleja el amor del Padre hacia el mundo. "Porque así demostró Dios su amor al mundo, llegando a dar a su Hijo único… no envió Dios el Hijo al mundo para que dé sentencia contra el mundo, sino para que el mundo por él se salve" (Jn 3,16-17). Jesús, que está en el Padre, ama como el Padre, y su mandamiento es que aquellos que lo siguen ("los suyos") amen de esta manera (cf. Jn 15,9).[1]
Este sentido de fidelidad por amor se aclara en Juan 15, donde Jesús conecta la palabra permanecer (o “mantenerse”, del griego μένω) con amor. “Manteneos en ese amor mío. Si cumplís mis mandamientos, os mantendréis en mi amor” (Jn 15,9-10). Y la verdadera dedicación (mantenerse) en el amor que no tiene fin se demuestra en el darse completo de uno mismo sin límite. "Nadie tiene mayor amor por los amigos que quien entrega su vida por ellos " (Jn 15,13). Como veremos mañana, el Viernes Santo, Jesús cumple su propio mensaje y es fiel al Padre y a su promesa.[2]
Jesús deja en claro que los discípulos mostrarán que han aprendido de él y creerán en él al ser fieles a su mandamiento de "amarse unos a otros" (cf. Jn 14,15). Deben seguir el ejemplo de Jesús, no solo de servir humildemente como se demuestra en el lavado de pies, sino también como la Palabra que se hizo carne y vivió en el "mundo" (Jn 1,14) y amó hasta el extremo. Y al hacerlo, los discípulos se unen en la relación de Jesús con el Padre, quienes a su vez son fieles en su amor a los discípulos, enviando al Abogado a estar con ellos para siempre (Jn 15-17). De esta manera, los que creen y se sienten conmovidos a seguir a Jesús son "salvos" (cf. Jn 1,12-13; 20,31).
A veces es necesario ir hasta los cimientos para construir algo nuevo, o para reforzar lo que hay. Esta es una oportunidad que se nos ha brindado durante esta Semana Santa única, y puede dar mucho fruto si la aprovechamos. Si bien la mayoría de nosotros no podemos celebrar el hermoso signo del lavado de pies este Jueves Santo, la situación actual brinda la oportunidad de encontrar nuevas formas de aplicar el mensaje que contiene: el de un amor que es fiel hasta el final, hasta su plena realización, y basado en un servicio humilde y un darse completo de sí mismo, para que otros sean levantados. Es un servicio que permite a otros ver la importancia que tienen para Dios, y sentirse tan conmovidos por ello que respondan a ese amor.
Entonces, la pregunta para nosotros es: ¿Cómo puedo servir del modo en que Jesús enseñó? No pretendo tener una respuesta, sin embargo, me gustaría proponer alguna orientación. Me parece que lo más importante en el servicio cristiano, fundado en el amor de auto-entrega, es su autenticidad. Por supuesto, podemos usar las diferentes ciencias sociales y modelos para ser eficientes y efectivos. Sin embargo, si estamos calculando hasta el punto de ser fríos, lo que podemos hacer es seguir sirviendo, pero ya no es el servicio cristiano. El servicio cristiano se basa en las relaciones, y no tanto en el tamaño de la obra o en el número de personas a las que se llega.
En este día santo especial, en esta Semana Santa única, sin burro y sin lavado de pies, reflexionemos sobre las pequeñas formas en que podemos vivir el mensaje central del Triduo Pascual. La entrega auténtica de uno mismo es cómo nos unimos en el amor de Jesús, y al hacerlo, estamos unidos en el amor del Padre. Me parece que la importancia de las relaciones personales es algo que estamos llegando a apreciar cada vez más en estos días; cuánto más cuando lo hagamos a la luz del cirio Pascual.
[1] Igual que el Padre me demostró su amor, os he demostrado yo el mío. Manteneos en ese amor mío. (Jn 15, 9)
[2] De hecho, hay una conexión más profunda entre la narración de Jesús, "amando hasta el fin" (Jn 13, 1), con sus últimas palabras en la cruz de lo que reflejan las traducciones al español. Antes de perecer, Jesús dice en muchas traducciones algo por estilo de "está terminado". La raíz de "fin" en 13, 1 y "queda terminado" en 19,30 es la misma, τἐλος (de donde viene el prefijo "tele" en telescopio o teléfono). Simplemente lo señalo aquí porque Juan deja muy claro lo que significa este amar hasta el final, hasta el extremo.
Hoy, cualquier referencia a las multitudes tiene que ver obligadamente con la pandemia del coronavirus. En este caso, lo que haga la “multitud” puede determinar el desarrollo (o no), de una enfermedad mortal. Y es importante darse cuenta de que las acciones de la multitud dependen de cada uno de nosotros como individuos. Para ello es indispensable que cada uno de nosotros actuemos con responsabilidad.
Uno de los grandes manipuladores de multitudes es la desinformación. Vivimos en la época en la que es fácil sentirse abrumados y deprimidos por la cantidad de información que nos llega, hasta el punto de que uno no puede distinguir ya qué noticias son fiables, y cuáles no.
Recibimos información sobre remedios caseros para la cura del virus, o sobre la fiebre del papel higiénico, o sobre explicaciones de tipo político o argumentos religiosos sobre el fin del mundo. Todo se mezcla en este enjambre de información. Podemos culpar, seguramente con razón, a los intereses particulares de los medios de comunicación, pero eso no significa que estemos exentos de nuestra responsabilidad de estar bien informados. Tradicionalmente se distingue entre la ignorancia inevitable que emana de nuestras propias limitaciones personales, y la ignorancia culpable, aquella por la cual nos conviene no saber y dejarnos llevar por la multitud. En estos días tendríamos que luchar contra ésta última de la misma manera que tan tenazmente estamos luchando contra el coronavirus.
El personal sanitario, personal de limpieza, reponedores de supermercado, vendedores, conductores, cargadores, carteros… El coronavirus ha puesto en primer plano a muchos de los trabajos y trabajadores/as que normalmente damos por asumidos pero que hoy son considerados curiosamente los trabajos indispensables.
Esta pandemia, en toda su brutalidad y dolor, ha puesto de manifiesto el grado de interdependencia de nuestra sociedad. La sociedad es orgánica, es un organismo en el que todas las partes son igualmente necesarias. De nada me valen todos los ejecutivos ni los banqueros, ni accionistas del mundo, sino tengo una persona que se encargue de llevar la comida al super, o alguien limpiando los baños de las oficinas de Wall Street.
De la misma forma que la epidemia es total (pan-demia), ojalá podamos reconocer que la sociedad no está basada en ideas como “la ley del más fuerte”, o el “sálvese quien pueda”, ni el mito de la persona hecha a sí misma. Vivimos en una pan-dependencia (la interdependencia total). Reconocer y aceptar esto nos va a ayudar a construir una sociedad que sea cada vez más igualitaria.