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PROTESTAS EN REPÚBLICA DOMINICANA TRAS LAS FALLIDAS ELECCIONES MUNICIPALES

 
Foto: Fran Alfonso
El pasado 16 de febrero las elecciones municipales dominicanas tuvieron que ser suspendidas por la Junta Central Electoral debido a que el sistema de voto automatizado falló. Pocas horas después del inicio de las votaciones, estas se tuvieron que cancelar. Este hecho inédito no se había visto nunca en el país y provocó un gran desconcierto que dio lugar a movilizaciones y cacerolazos seguidos de un gran encuentro el día 27 de febrero, día de la Independencia, en la Plaza de las Banderas de Santo Domingo. Vestidos de negro, la mayoría de los que se siguen manifestando son jóvenes que protestan contra el sistema electoral y exigen democracia real para el país.

El gobierno calificó la interrupción de “lamentable” y solicitó a la Organización de Estados Americanos una investigación sobre las posibles causas del incidente. Por su parte, varios politólogos explican que las manifestaciones de estos días, primeras de esta magnitud desde el fin de la dictadura, son la gota que colma el vaso: hay cansancio y hartazgo político hacia el partido gobernante, que ha estado en el poder veinte de los últimos veinticuatro años. A pesar de que se han producido cambios sustanciales, que incluyen diversas políticas sociales y que el progreso económico ha sido ininterrumpido, los problemas de seguridad ciudadana, de baja calidad de los servicios como educación, salud pública, pocas oportunidades para los jóvenes, corrupción, destacando el escándalo de Odebrecht, han mermado la confianza de la población en las instituciones que dirigen el país. Hasta hace unos años la ciudadanía en República Dominicana estaba alejada de la discusión política y en los últimos años eso está cambiando.

La nueva fecha para las elecciones municipales es el próximo 15 de marzo, y también en este año se celebrarán las elecciones generales, programadas para el 17 de mayo. Esperamos que este proceso y estas movilizaciones pacíficas pero vigorosas sirvan para contribuir a que nazca una democracia de mayor calidad, transparente y participativa que sirva a los muchos retos que tiene la ciudadanía.

 

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INICIO DE CURSO EN CASA GARAVITO

Después del periodo de vacaciones escolares (que en Colombia tiene lugar durante los meses de diciembre y enero), a principios del mes de febrero dieron inicio las diversas actividades que tienen lugar en el Centro de Desarrollo Comunitario Casa Garavito de la Comunidad de San Pablo en el barrio El Pesebre, del sur de Bogotá.
 
Nos alegra mucho constatar que, este año, la inscripción para los diversos cursos y programas que se ofrecen en nuestro centro comunitario ha sido mayor que en años anteriores. El número de personas interesadas en el taller de corte y confección para mujeres, en especial, ha aumentado significativamente. Si en 2019 teníamos un total de 50 mujeres en los distintos cursos de este programa, en 2020 están participando en él 85 mujeres (repartidas en cuatro grupos distintos). Es una satisfacción ver el interés que este proyecto ha generado en la comunidad.
 
Por otro lado, los demás programas de Casa Garavito también han empezado el curso con buen pie: 30 niños participan de las clases de inglés, 30 jóvenes en las clases de guitarra, 20 abuelos y abuelas en las clases de educación general para el adulto mayor, y 15 niños en las clases de refuerzo escolar. La psicóloga que ofrece sus servicios de acompañamiento a personas que lo soliciten va a la Casa todos los miércoles durante seis horas y, por otra parte, este año Casa Garavito acoge un nuevo curso de manualidades, al que asisten 12 personas, que se reúne los sábados en la mañana.
 
Desde aquí damos las gracias a tantos voluntarios y colaboradores que hacen posible que Casa Garavito siga siendo un lugar de encuentro, aprendizaje y esperanza en el barrio El Pesebre de Bogotá.

 

 

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¡FELIZ TIEMPO DE CUARESMA!

 

La palabra Cuaresma viene de cuarenta, e indica los días que van del miércoles de Ceniza hasta la Pascua. De igual manera que en Adviento nos preparamos para la Navidad, este es un periodo de preparación. La Cuaresma es tiempo de reflexión, tiempo de análisis, tiempo de valorar honestamente nuestras actitudes, nuestras decisiones, nuestro compromiso.

Es tiempo de dialogar con nosotros mismos y con Dios en oración, de forma sincera, honesta, sin engañarnos con excusas, o justificando nuestras acciones. Es tiempo de reconocer quien somos sin miedos; de enfrentarnos al espejo, aunque a veces no nos guste lo que podamos ver.

Sabemos que Dios no castiga, sino que es compasivo con nosotros. No tengamos miedo, pues, de reconocer qué tipo de persona somos, recordando que estamos todos en la misma barca. Aquí no hay “buenos” y “malos”, puros e impuros,  ciudadanos de primera y de segunda. Todos compartimos la misma condición humana, y por ella todos somos capaces y todos obramos actos de generosidad que hacen el mundo un poco mejor.

Asimismo, todos tenemos nuestras miserias, nuestros egoísmos. Cada uno de nosotros tenemos que descubrir estas dos dimensiones. Si solo veo las cosas negativas, pero nada positivo, tendré que mirar más profundamente en mi corazón y ser amable y comprensivo conmigo. Y si solo veo lo positivo pero me cuesta ver mis propias miserias, también me estoy engañando y no me estoy examinando honestamente. A veces necesitamos de otras personas que con amor, comprensión y respeto nos digan aquello que deberíamos mejorar en nuestras vidas, especialmente aquellas personas que viven con nosotros y nos conocen.

Desde estas líneas, pues, les invitamos a que vivamos la Cuaresma como ese tiempo de reflexión, no para hundirnos, no para deprimirnos o desesperarnos ante nuestros propios egoísmos o los de los demás, sino para que cuando llegue la Pascua, cuando celebremos que La Vida ha vencido a la muerte a través de la Resurrección de Jesús, podamos hacerlo de forma saludable, aceptando nuestras virtudes para así poder potenciarlas, pero también nuestras debilidades para que nos sea más fácil poder afrontarlas.

¡Feliz Cuaresma!

 

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OPERATIVO OFTALMOLÓGICO EN SABANA YEGUA: 15 AÑOS DE SERVICIO

 

Una vez más se ha llevado a cabo la campaña oftalmológica en Sabana Yegua, ¡es la número 15! Con 31 voluntarios de los EE.UU. y un grupo de dominicanos voluntarios se pudo revisar la vista de 911 personas y realizaron 89 cirugías. Escuchemos las impresiones de una voluntaria:
 
“Acabo de regresar de mi primera misión de servicio en Sabana Yegua, República Dominicana. Fui allí como traductora, y nuestro equipo consistió en personas de once países diferentes, y gente muy diversa. Pasamos la semana proporcionando lentes para los más necesitados de la comunidad, dominicanos y también haitianos. Los doctores los examinaban y algunos fueron operados de cataratas.
 
Como he usado gafas desde el tercer año de escuela, para mí era algo precioso ver las expresiones de las personas cuando podían ver claramente gracias a sus nuevas gafas. ¡El viaje fue una experiencia muy gratificante!

 

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EL BAUTISMO DE JESÚS: UNA DECISIÓN

 
El bautismo de Jesús es uno de los acontecimientos más importantes en su vida. Su fiesta, una semana después de la Epifanía, que celebramos este domingo, a veces pasa de puntillas por en medio de las demás celebraciones navideñas, siendo quizás una de las fiestas menos valoradas del calendario litúrgico.
 
Podría verse como un episodio más, cuando en realidad fue quizás el evento fundamental de su vida, el momento en que asume su misión y comienza su ministerio público, probablemente aún sin conocer el alcance y la importancia de su decisión. La cultura popular nos hace creer, sin embargo, que muy temprano en su vida, casi al nacer, Jesús estaría dotado de la capacidad de conocer de antemano los acontecimientos que iban a suceder durante su vida. Por lo tanto, sabía que iba a ser bautizado por Juan en el río Jordán, y que conocía su misión e identidad. Si así entendemos la autopercepción de Jesús, su bautismo pierde significado.
 
En el fondo, es necesario creer que en el bautismo de Jesús no hubo una decisión racional y consciente, pero que de alguna manera fue predeterminada. Creer que Jesús no tuvo la opción de tener dudas durante su vida, antes y después de su bautismo, proviene del temor de comprometer su divinidad, haciéndolo demasiado como uno de nosotros. Es por eso por lo que, a pesar del hecho de su nacimiento humilde y simple, lo hemos convertido en un superhombre, dotado de poderes sobrehumanos, en este caso el poder de la omnisciencia, incluso desde su nacimiento. El problema es que, en el esfuerzo por evitar comprometer la divinidad de Jesús, corremos el riesgo de cuestionar su plena humanidad.
 
Debemos vigilar con las características sobrehumanas que a menudo atribuimos a Jesús para proteger su divinidad. De hecho, cuanto más especial y sobrehumano lo hacemos, menos humano se vuelve. En este proceso de “sobre-humanizar” a Jesús, perdemos la clave y el elemento trascendental de la Encarnación y, por lo tanto, de nuestra fe: Jesús es una persona como todos nosotros, nada más y nada menos.
 
Es cierto que también es Dios, pero la divinidad de Jesús no proviene de supuestos poderes sobrehumanos sino de su capacidad de abrirse completamente a la voluntad de Dios, por su capacidad radical de amar y entregarse a los demás. Esta es la mayor paradoja de nuestra fe, de la fe en Dios hecho hombre: cuanto más humanos seamos, más libres seremos para amar y, en cierto modo, más divinos seremos.
 
En resumen: si en este anhelo de hacer a Jesús sobrehumano creemos que desde muy joven sabía de su papel mesiánico, su vida y su fatídico final, entonces su bautismo es obviamente irrelevante.
 
La experiencia de Jesús en el Jordán no es solo otro episodio preestablecido y conocido por él; es la experiencia fundamental de su vida. En su bautismo, Jesús toma la decisión de dedicar su existencia a la liberación de los demás, y se reconoce a sí mismo como el Mesías. La parte crucial del bautismo es que Jesús cambia la expectativa mesiánica tradicional caracterizada como un Mesías victorioso, poderoso, exclusivista, político y religioso a un Mesías universal centrado en los pobres y basado en la compasión y la tolerancia, no solo política, sino por la liberación integral de la persona como sujeto histórico, social, religioso, cultural y psicológico.
 
Desde el momento de su bautismo, a través del llamado a sus discípulos y durante todo su ministerio público, la misión de Jesús solo está tratando de transmitir a los demás y a nosotros qué tipo de Mesías es y cómo podemos imitarlo. Al final, el intento le costará la vida, pero también nos permitirá seguirlo.

 

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NAVIDAD, NIÑO DIOS, REYES MAGOS Y LA MAGIA QUE LOS ACOMPAÑA

 

Cuando llegan los tiempos de Navidad, quizás porque me pongo reflexiva o sentimental, me gusta escribir. Hace unos días colgué en mi muro de Facebook (¡y algunos se atrevieron a leerlo, aunque no tuviera foto!), un escrito llamado “Navidad, dinero y sentimientos”, en el que básicamente me recordaba a mí misma, y a aquellos que me leyeran, que lejos de “estresarnos” en el frenético consumismo de los regalos y los gastos, sería mejor valorar lo que queda, que a menudo son los sentimientos del encuentro familiar, de una vivencia especial, de los pequeños gestos.
 
En esta misma línea, una de las cosas más maravillosas del tiempo navideño tiene que ver con los regalos, pero no son los objetos en sí, sino toda la magia que los acompaña. Los niños lo saben bien: en las distintas culturas cristianas se celebra, con la llegada del niño Dios, el “caga tió” (curiosísima tradición catalana), los Reyes Magos, y cómo no, Santa Claus o Papá Noel (que proviene de San Nicolás). Es una época en la que se diría que alguien tira unos polvos mágicos para que estas tradiciones nos emocionen y nos saquen una sonrisa.
 
También los adultos necesitamos de esa magia, de esa capacidad de sorprender y de dejarnos sorprender. ¡Qué padre o madre no ha disfrutado dejando agua para los camellos de Melchor, Gaspar o Baltasar o los renos de Papá Noel! Hace mucho tiempo un amigo me dijo: “Yo ya no me sorprendo de nada”. No recuerdo de qué estábamos hablando, pero no se me ha quitado la frase de la cabeza; no se lo dije, pero pensé: “¡Qué mal! Ojalá siempre seamos capaces de sorprendernos”. La magia, la imaginación, la creatividad y el juego son una parte sabrosa de la vida, como la sazón de las comidas. Es cierto que, en nuestras vidas ajetreadas y llenas de obligaciones, responsabilidades, asuntos importantes y urgentes, nos cuesta hacer un hueco a todos estos ingredientes. El tiempo navideño es una hermosa época para ese hueco, para esa pausa, para no tener prisa, para relajarnos, comer, beber, reír, cantar, bailar, jugar, sorprender y dejarnos sorprender. Quizás es volver a ser niños, quizás es rescatar un poco de inocencia, la de no saberlo todo, la de esperar aún en las situaciones más difíciles, la de poner una sonrisa allí donde solo queda ese recurso. Dios nos sorprendió con el nacimiento de Jesús, que ni sabios ni humildes podían haberlo imaginado. Que con la ayuda del Niño en el pesebre nos dejemos sorprender por el Amor y la Magia de la Navidad… y de la Vida.

 

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LOS DOS RELATOS DE LA NAVIDAD Y EL PESEBRE

 

Es Navidad, y yo he tenido el privilegio de disfrutar de este dichoso tiempo en la parroquia de La Sagrada Familia en Sabana Yegua, República Dominicana, junto con mi familia de la Comunidad de San Pablo que vive y trabaja aquí. Llegué justo al comienzo de Adviento, cuando se nos invitaba a prepararnos para celebrar el nacimiento de Jesús. Parte de esta preparación incluye limpiar y decorar la parroquia, de manera que evoqué la naturaleza anticipatoria del tiempo antes de Navidad. Y, como es de esperar, parte de esta decoración implica hacer el pesebre, para el cual se ha construido una gran caseta de madera frente a la iglesia parroquial. Dentro se pueden encontrar los personajes habituales: José, María, el burro, el buey, los pastores, los reyes, la estrella y el ángel; y, por supuesto, el niño Jesús, quien permanece escondido hasta la medianoche del 24.

El pesebre es en realidad la mezcla de los dos relatos de navidad que tenemos en los evangelios de Mateo y Lucas. Y sí, tenemos dos relatos, distintos, sobre el nacimiento de Jesús, que usamos como si fueran uno. Los pastores solo están en el relato de Lucas, y los reyes en el de Mateo. La estrella guía a los reyes en Mateo, mientras que en el de Lucas es un ángel quien anuncia el nacimiento a los pastores guiándolos hasta el pesebre. Pero cuando montamos nuestros pesebres, mezclamos ambos relatos para reconstruir la imagen familiar, que hemos conocido desde niños, incluyendo esa oveja que siempre cojea y que nos pasamos todo el tiempo de Navidad tratando de poner de pie.

Después de contemplar nuestro pesebre en Sabana Yegua, me pregunté sobre la necesidad de tener dos relatos distintos sobre el nacimiento de Jesús.
Mateo y Lucas son los únicos evangelios que nos cuentan el nacimiento de Jesús. Mateo 1,18-2,23 es el relato, desde el nacimiento de Jesús en Belén hasta la huida a Egipto y su regreso a Nazaret, donde creció. Estos versículos incluyen el relato de la vergonzosa situación en la que se encontraba María, embarazada pero no de su futuro esposo, José. Está situación no solo sería vergonzosa en un pueblo pequeño, sino que se pagaba con pena de muerte. Sin embargo, José es aconsejado en sueños por un ángel para que acepte a María como su esposa. Cuando Jesús nace son unos extranjeros (los reyes, sabios, o magos que vienen del Este) quienes lo ven por vez primera, y solo a ellos, no a su propio pueblo, Jesús es revelado como rey. Después de esto, la familia de Jesús se ve obligada a emigrar a Egipto, para escapar la muerte.

Por otro lado, Lucas nos cuenta el nacimiento de Jesús en el capítulo segundo de su evangelio. Son cuarenta versículos que relatan el nacimiento y la manifestación a los pastores y también a dos personas ancianas en el templo. Lucas detalla la difícil situación por la que tuvieron que pasar José y María buscando un lugar para pasar la noche en Belén. Paralelamente a los reyes, Lucas presenta los pastores, humildes en profesión, a quienes se les revela el Mesías, el rey.

Los dos relatos, distintos, están unidos en dos aspectos fascinantes: primero, la Sagrada Familia empezó con problemas serios; lejos de ser una familia perfecta, tuvieron un comienzo difícil tanto emocional como financieramente. Y segundo, la revelación de que Jesús era el Mesías se dio a personas inesperadas, a extranjeros y a los más humildes. Tanto Mateo como Lucas están de acuerdo en presentar el nacimiento de Jesús como una crítica al convencionalismo. Y es esto precisamente lo que transmite el pesebre, es un símbolo de lo poco convencional. Los pobres, los extranjeros, el padre adoptivo, el pesebre con los animales… todo es una crítica a las situaciones ideales que ha creado la sociedad, y es también un símbolo que representa las realidades y vivencias que mucha gente trata de evitar. Sin embargo, esta es la realidad del nacimiento de Jesús. Hemos creado modelos e ideales que son casi imposible de alcanzar, desde una casa lujosa y grande, la familia perfecta, incluso un cuerpo perfecto, etc., y creemos que esta es la única manera de alcanzar la felicidad. También nos hemos vuelto una sociedad intolerante con el inmigrante y que continúa ignorando al los más necesitados. Vivimos nuestras vidas intentando alcanzar convenciones que las redes sociales han promovido falsamente como la “norma” de vida. Y cuando no las alcanzamos, nos deprimimos y nos dejamos caer bajo el peso de la ansiedad y el fracaso.

Por eso, necesitamos ambos relatos sobre el nacimiento de Jesús, representados en la imagen del pesebre. En una sociedad llena de convencionalismos e ideales, estos dos relatos hablan de manera diferente de lo poco convencional que fue la realidad del nacimiento de Jesús. Ojalá que, cuando veamos el pesebre, nos sintamos llamados a dejar atrás cualquier molde o expectativa que la sociedad haya impuesto, y nos libremos de la idea de una vida “perfecta” que hayamos impuesto en nosotros mismos.

 

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ADVIENTO: EL DESIERTO Y LA CIUDAD

 

Estamos empezando el tiempo de Adviento, esas semanas de preparación para la Navidad que, todos los años, constituyen una invitación a que allanemos el camino al Señor. Es decir, a que nos preguntemos qué hacemos y qué actitudes adoptamos para facilitar que el evangelio de Jesús sea una realidad viva y central en nuestras vidas. Tal fue el mensaje de Juan el Bautista, uno de los dos personajes principales (junto con María) del Adviento: la voz que, en el desierto, dijo a los que iban a escucharle (citando a Isaías): «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale» (Lucas 3, 4-5).
 
Hay algo singular en el hecho de que Juan predicase en el desierto. Si tenía un mensaje importante a comunicar, si lo que buscaba era que el mayor número posible de gente lo oyera, ¿por qué se fue al desierto? ¿No hubiese sido más lógico ir a la ciudad y plantarse en la explanada del templo de Jerusalén o en una de sus plazas más bulliciosas? Podríamos bromear e interrogarnos si acaso Juan no tuvo un buen asesor de imagen ni un buen director de campaña: quiso llegar a la gente… ¡y se fue al desierto, donde no había nadie!
 
Por supuesto que hay en todo eso algo más serio que la falta de una buena estrategia de publicidad: en el lenguaje densamente simbólico de los evangelistas, el desierto en el que Juan predica es más que un lugar geográfico. Es un símbolo, y un símbolo que hay que entender a partir de otro símbolo: la ciudad.
 
La ciudad representa la sociedad, con sus virtudes, pero también con sus flagrantes injusticias: la ciudad es, en efecto, (entonces, como hoy) el lugar donde las desigualdades sociales se hacen más patentes, donde los muy ricos viven a tocar de los muy pobres. En el campo, todo el mundo vive más o menos con lo mismo. Es en la ciudad donde algunos habitan en palacios y disfrutan de los lujos más sofisticados mientras que otros mendigan un mendrugo en la misma puerta de las mansiones de los ricos (recordemos a Lázaro, agonizando en el umbral de la casa de aquel potentado que cada día banqueteaba espléndidamente).
 
El desierto donde Juan predica simboliza, precisamente, el rechazo a la ciudad. Y, así, el lugar de la predicación se convierte en parte esencial del mensaje del Bautista: para convertirse, para preparar de verdad los caminos del Señor, lo primero que hay que hacer es abandonar la ciudad, alejarse de las dinámicas que hacen posible la desigualdad, distanciarse de la mentalidad que impera en ella. Yéndose al desierto, Juan escenifica el contenido de la conversión que propone.
 
Cuando llega el Adviento y contemplamos la figura de Juan el Bautista, a menudo pensamos que ir con él al desierto significa aminorar el ritmo de nuestra actividad, evitar distracciones y buscar momentos de silencio para meditar; y que, haciendo todo eso, prepararemos los caminos del Señor. Así es, sin duda. Pero no deberíamos ignorar el sentido complementario que también tiene el hecho de salir al desierto: es rechazar la injusticia, es alejarnos de toda mentalidad que la fomenta y es buscar, en la intemperie, un espacio que no esté intoxicado por los esquemas egoístas que crean desigualdad.
 
Instalados en medio de la ciudad y de sus comodidades será muy difícil que preparemos los caminos del Señor: no solo porque la ciudad está llena de distracciones. También, sobre todo, porque vivir acríticamente en medio de la ciudad, sin reparar en las injusticias que la sustentan, nos impedirá tener la sensibilidad que debería caracterizar a los que queremos seguir a Jesús.

 

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RETIRO ANUAL DE LA COMUNIDAD DE SAN PABLO EN BENET LAKE, WISCONSIN

 

Del 20 al 27 de este mes de noviembre, la mayoría de los miembros de la Comunidad de San Pablo se desplazaron a los EE. UU. para participar de su retiro anual. Este año nos reunimos en la casa de espiritualidad de Benet Lake, en Wisconsin, regentada por los benedictinos.
 
Los encargados de dirigir el retiro fueron el P. Curt Frederick, sacerdote de la arquidiócesis de Milwaukee, y Barbara Anne Cusack, cancillera de esa misma arquidiócesis. Durante una semana, guiados por las reflexiones y preguntas de ellos dos, los participantes en el retiro pudimos tomar un respiro de nuestras actividades habituales (que desarrollamos en México, la República Dominicana, Colombia, Bolivia, Etiopía y en los EE. UU.) y, en un ambiente fraternal de convivencia y oración, redescubrir la presencia de Dios entre nosotros y en nuestras vidas. Han sido, para todos, unos días hermosos y fructíferos.

 

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GRUPO DE EMPRESARIAS CATALANAS VISITA NUESTROS PROYECTOS EN REPÚBLICA DOMINICANA

 

 
Del 21 al 25 del pasado mes de septiembre un grupo de mujeres de la Fundación FIDEM (Fundació Internacional de la Dona Emprenedora) visitó Sabana Yegua. Eran 18 mujeres de distintos ámbitos laborales: empresarias, abogadas, consultoras, artistas. Todas ellas tenían la inquietud de conocer los proyectos que la Comunidad de San Pablo realiza en Sabana Yegua, algunos con apoyo de la Asociación Nuevos Caminos de España, con quien ellas habían conectado. En su viaje no solo querían conocer y recibir, sino también aportar. Así, realizaron una jornada entera de trabajo con el grupo de Pastoral de la Mujer de la Parroquia, visitando a las integrantes del grupo en sus casas, compartiendo unas horas con ellas, y después llevaron a cabo un taller en el que se contrastaron las formas de vivir de las mujeres en los dos países (República Dominicana y España) y la importancia de que las mujeres brillen con luz propia. Fue una reunión muy alegre y emotiva.

También conocieron distintos proyectos como la cooperativa de costura y los centros infantiles, y, por último, se reunieron con seis mujeres jóvenes que quieren iniciar sus estudios universitarios, y se comprometieron a aportar una ayuda económica para sus estudios. Este fue también un encuentro muy motivador, en el que las empresarias explicaron las dificultades que tuvieron que superar para llegar a su situación actual y animaron a las jóvenes dominicanas a luchar por sus sueños y por mejorar sus vidas.

 

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