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GRUPO DE EMPRESARIAS CATALANAS VISITA NUESTROS PROYECTOS EN REPÚBLICA DOMINICANA

 

 
Del 21 al 25 del pasado mes de septiembre un grupo de mujeres de la Fundación FIDEM (Fundació Internacional de la Dona Emprenedora) visitó Sabana Yegua. Eran 18 mujeres de distintos ámbitos laborales: empresarias, abogadas, consultoras, artistas. Todas ellas tenían la inquietud de conocer los proyectos que la Comunidad de San Pablo realiza en Sabana Yegua, algunos con apoyo de la Asociación Nuevos Caminos de España, con quien ellas habían conectado. En su viaje no solo querían conocer y recibir, sino también aportar. Así, realizaron una jornada entera de trabajo con el grupo de Pastoral de la Mujer de la Parroquia, visitando a las integrantes del grupo en sus casas, compartiendo unas horas con ellas, y después llevaron a cabo un taller en el que se contrastaron las formas de vivir de las mujeres en los dos países (República Dominicana y España) y la importancia de que las mujeres brillen con luz propia. Fue una reunión muy alegre y emotiva.

También conocieron distintos proyectos como la cooperativa de costura y los centros infantiles, y, por último, se reunieron con seis mujeres jóvenes que quieren iniciar sus estudios universitarios, y se comprometieron a aportar una ayuda económica para sus estudios. Este fue también un encuentro muy motivador, en el que las empresarias explicaron las dificultades que tuvieron que superar para llegar a su situación actual y animaron a las jóvenes dominicanas a luchar por sus sueños y por mejorar sus vidas.

 

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DE MILWAUKEE A BOLIVIA

 

Ir de viaje a un territorio de misión es un poco como hacer una peregrinación, pero en vez de visitar santuarios, monumentos, iglesias, monasterios y otros lugares históricos, visitamos personas de fe. Recientemente, un grupo de feligreses procedentes de tres parroquias de la arquidiócesis de Milwaukee viajó a Bolivia con el P. Juan Manuel Camacho, de la Comunidad de San Pablo.
 
Bolivia es el país más pobre de América del Sur. Su realidad socioeconómica es precaria, y hay muchas necesidades. El propósito de los “peregrinos” en Bolivia era conocer la realidad de las personas con las que la CSP trabaja en ese país andino. El grupo ayudó con el centro de niños de la calle en Cochabamba (la Casa San José). Allí estuvieron dos días realizando actividades educativas con los niños, quienes a su vez tuvieron la oportunidad de interactuar con personas de otra cultura. El grupo también trabajó en la zona rural, en el programa de reforestación que la CSP tiene en las montañas de Cochabamba, en el municipio de Independencia. Ahí, en las cumbres de los Andes, el grupo de peregrinos ayudó a plantar arboles con los campesinos de la zona. Es una iniciativa de la CSP para ayudar a mejorar la economía de las personas de esa región. Pero todo el trabajo que hicimos fue mínimo en comparación con “el trabajo” de transformación que el Espíritu Santo hizo en cada uno de nosotros, los “peregrinos”. Cuando nos atrevemos a salir de nuestras zonas de confort y abrimos el corazón al otro, el Espíritu de Dios nos transforma de una manera increíble. Ahí, en las montañas, celebramos misa en una población rural, en una capilla a la que el sacerdote de la zona sólo puede llegar una vez cada tres meses.  La Eucaristía fue una manifestación de la diversidad de la iglesia; durante la celebración se habló en tres idiomas: en español, en quechua y en inglés.
 
Este viaje misionero es uno de los varios esfuerzos que la CSP realiza para conectar personas de diferentes parroquias y estilos de vida de la arquidiócesis de Milwaukee con la vida misionera de la Iglesia. Consideramos estos viajes como una peregrinación de fe que nos ayuda a comprender mejor a la iglesia en su misión y nuestra responsabilidad como verdaderos discípulos del Señor
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MES DE MISIONES EN CIUDAD DE MÉXICO

 

Con motivo del mes extraordinario de misiones convocado por el Papa Francisco para octubre de 2019 la Arquidiócesis Primada de México propuso que todas las parroquias se sumaran a esta iniciativa mediante una “megamisión” para salir al encuentro de las personas más necesitadas de alegría y de esperanza en el propio entorno de esta gran ciudad.
 
En la Rectoría de Nuestra Señora del Rosario, que dirige Pablo Cirujeda, de la Comunidad de San Pablo, todos los grupos parroquiales participamos con un fin de semana dedicado a los enfermos y adultos mayores confinados a sus hogares por sus padecimientos crónicos. Tantos los cerca de setenta niños y niñas del programa de catequesis infantil, sus catequistas y papás, como otros agentes pastorales miembros de los grupos de liturgia, pastoral familiar y pastoral popular nos pusimos a caminar por las calles de las colonias que forman parte del territorio parroquial, visitando a unas cuarenta personas que recibieron con sorpresa que la comunidad parroquial se acercara a su situación particular para poderlos escuchar, acompañar, y en algunos casos asistir en sus necesidades, como limpiarles la casa o conseguirles ropa de abrigo.
 
Como fruto de esta iniciativa vamos a asumir el compromiso de seguir visitando a aquellas personas que así lo han solicitado, para ofrecerles compañía, llevarles la comunión, y darles la oportunidad de seguir formando parte de la parroquia a pesar de las limitaciones impuestas por sus enfermedades.
 
Todos disfrutamos de este fin de semana de misión parroquial, pero en especial los más jóvenes junto a los más mayores, al descubrir un modo de convivir a pesar de sus diferencias y la distancia que hay entre generaciones.

 

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ETIOPÍA Y ERITREA, LA RECONCILIACIÓN QUE HIZO POSIBLE EL NOBEL DE LA PAZ

Abiy Ahmed Ali, presidente de Etiopía, premio nobel de la Paz 2019

 

 

Italia se anexó Eritrea como colonia de su país en 1890 (la primera colonia italiana en África), y permaneció en la zona hasta el 1941, cuando durante la Segunda Guerra Mundial perdió sus territorios ocupados ante las fuerzas aliadas. Entonces Gran Bretaña tomó el relevo, y Eritrea estuvo bajo dominación británica hasta el año 1952. Al terminar dicha dominación, Eritrea permaneció como un estado federado de Etiopía hasta el 1961, pero lo cierto es que el emperador Haile Salassie fue reduciendo la autonomía eritrea hasta que el país pasó a ser una región más de Etiopía. Como reacción, empezaron a organizarse diferentes grupos eritreos con el objetivo de luchar por su independencia.
 
El conflicto (con toda clase de luchas, batallas y miles de desplazados) duró hasta el 1991, año en el que se celebró un referéndum en Eritrea, cuyo resultado fue, en 1993, la proclamación de su independencia. No obstante, quedaban por aclarar los límites territoriales entre ambos estados, y los desacuerdos por el control fronterizo desembocaron en un conflicto bélico en 1998.
 
El año 2000 Etiopía consiguió ocupar una cuarta parte de los territorios disputados, cosa que provocó la rendición del ejército eritreo y la firma de un tratado de paz en Argel, mediado por la ONU. En este acuerdo se establecía la soberanía de los territorios disputados. Etiopía, aunque en unos inicios estuvo de acuerdo con el tratado, no estaba dispuesta a ceder la zona de Badme y consecuentemente los conflictos continuaron en esta zona después del acuerdo de paz.
 
Los dos países se mantenían aislados uno del otro, con las fronteras cerradas y la imposibilidad de que nadie se desplazara ambos países. Familias con miembros a ambos lados de la frontera no tenían forma de visitarse, y ni siquiera de comunicarse. La conferencia episcopal etíope, que abarca Etiopía y Eritrea, ¡tenía que reunirse en Roma!
 
Esta penosa situación terminó el año pasado, 2018, por iniciativa del presidente etíope Dr. Abiy Ahmed Ali, que decidió reunirse con su homólogo eritreo para firmar un documento que declara el fin de estado de guerra, y hacer efectivo el acuerdo de paz del año 2000 en Argel.
 
Esta actuación, entre otras, ha hecho merecedor a Abiy Ahmed Ali del Premio Nobel de la Paz de este año, anunciado el 11 de este mes de octubre. El premio fue recibido con orgullo por millones de etíopes, que así vieron como su presidente daba una nueva voz al mundo, una voz de pueblo orgulloso pero también pacífico, que “cansado” de luchar con sus vecinos optó decididamente por la paz.
 
Queda mucho por hacer, desde luego, pero es evidente que el Dr. Abiy Ahmed Ali ha abierto puertas, y lo que es más importante, ha despertado la esperanza entre los etíopes de que las cosas realmente pueden cambiar y que podrán disfrutar, en un futuro quizás no muy lejano, de un mundo más unido en el que las fronteras sean puentes abiertos y no muros de separación.

 

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LA VIUDA TENAZ

 

Este domingo escucharemos la parábola de la viuda que no desfalleció hasta lograr que un juez indolente le hiciera justicia (Lc 18,1-8). En ella, Jesús alaba la fe de esta mujer tenaz que no se resigna a soportar la injusticia, que no se desanima, ni se detiene, ni cesa de clamar, hasta lograr lo que buscaba.
 
Ciertamente, la lucha por la justicia exige perseverancia. Siempre ha sido así: hicieron falta siglos para que se eliminaran los privilegios de la nobleza, para que se aboliera la esclavitud, está costando siglos conseguir que las mujeres gocen de la misma dignidad que los hombres, y mucho, muchísimo nos falta para conseguir que la riqueza del mundo empiece a repartirse mejor y disminuyan las abismales distancias que hoy existen entre ricos riquísimos y pobres pobrísimos.
 
Seguramente lo más importante de esta lectura está al principio y al final. Lucas comienza diciendo que Jesús contó la parábola “para enseñar a los discípulos que es necesario orar siempre, sin desfallecer”, y al terminar Jesús se pregunta si, a pesar de que Dios quiere que en el mundo se haga justicia, sin tardar, “va a encontrar en el mundo la fe de la viuda”.
 
Es decir, aquí lo que está en duda no es que Dios quiera que se haga justicia. Lo que está en duda es si nosotros somos como la viuda: si las injusticias nos duelen, si tenemos el tesón y la perseverancia que ella tuvo, para lograr que el mundo en el que vivimos sea un lugar más justo.
 
Y no es fácil. La injusticia parece tan arraigada, tan constitutiva del sistema político y económico en que vivimos, tan crónica, tan imposible de extirpar, que a veces levantar la voz en su contra se nos puede antojar como un esfuerzo inútil. En ciertas latitudes nadie ignora que el dinero criminal del narcotráfico quita y pone a presidentes, compra jueces y decide el destino de países enteros. La corrupción de la clase política ha devenido algo tan común que uno llega a pensar que si un político no tiene casos pendientes con la justicia solo es porque todavía no lo han descubierto. Y, mientras tanto, la distancia entre los que viven en un lujo inimaginable y los que padecen la pobreza más angustiosa aumenta, en vez de disminuir…
 
Ante este panorama, cuesta mucho ser como la viuda. Jesús, sin embargo, nos dice con su parábola que nada sería peor que acostumbrarnos a la injusticia, que la llegáramos a normalizar. Que fuéramos como el enfermo que se ha acostumbrado a su dolor y deja de ir al médico, porque se ha convencido de que padecer “es lo normal”. “Es normal que un hombre pegue a su mujer”; “es normal que los políticos roben”; “es normal que los trabajadores sean mal pagados”; “es normal que la sanidad sea un desastre”; “es normal que ningún rico vaya nunca a la cárcel”. Y nos quedamos con ese “es normal”, y nos encogemos de hombros, porque a lo normal no hay que quererlo cambiar.
 
Para combatir esta normalización de la injusticia, valdría la pena que de vez en cuando hiciéramos un ejercicio de imaginación, y nos preguntáramos: Cuando Dios sueña, ¿cómo ve las cosas? ¿Cómo sueña Dios el mundo?
 
Con toda certeza, Dios nos mira y anhela una humanidad sin violencia, sin abusos, con los recursos de la tierra distribuidos más equitativamente, sin privilegiados ni excluidos.
 
Lo que hoy tenemos no es normal. Entenderlo es el primer paso para que en nosotros despierte el espíritu valiente de la viuda tenaz.

 

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SONRÍE Y CRECE Y LA COMUNIDAD DE SAN PABLO, 10 AÑOS DE COLABORACIÓN Y AMISTAD

Este año la asociación barcelonesa Sonríe y Crece ha cumplido su décimo aniversario, y en el marco de esta celebración nos han hecho llegar la siguiente carta. "Es, nos dicen, una carta de agradecimiento de diez generaciones de jóvenes de Sonríe y Crece a la Comunidad de San Pablo, y en especial a todos sus miembros que han pasado por la República Dominicana".
 
Con curiosidad e ilusión por poner lo aprendido al servicio de una sociedad necesitada, y en especial a sus niños y niñas, un pequeño grupo de jóvenes universitarios barceloneses se trasladó hasta Sabana Yegua en el verano de 2009. Acudían en respuesta a la invitación de la Comunidad de San Pablo, establecida en el pueblo desde hacía varios años.
 
Empezaron por jugar, y utilizaron los juegos como herramienta imprescindible para comunicarse con los niños y niñas. A través de actividades lúdicas promovían aspectos simples del día a día a cientos de niños y niñas: compartir, esforzarse, trabajar unidos, respetar.
 
Conscientes de la energía que requería esta labor, y decididos a convertirla en un proyecto sostenible que los chicos y chicas locales pudieran liderar, crearon una asociación de jóvenes, Sonríe y Crece.
 
Año tras año, nuevos jóvenes universitarios se unen a la tarea de Sonríe y Crece. Hoy ya son diez generaciones, y más de tres proyectos base en los que se promueve la educación, la salud y el medio ambiente en varios pueblos de la región de Azua, al sureste de la República Dominicana.
 
La Comunidad de San Pablo ha estado presente durante todo este proceso. Su espíritu de acogida y dedicación han sido nuestras raíces en Sabana Yegua. Con su conocimiento nos han guiado, y también nos han dado el espacio para crear y madurar nuestros proyectos. El ejemplo de amor de la Comunidad de San Pablo nos ha ayudado a crecer, tanto a los miembros de Sonríe y Crece como a los cientos de niños y niñas dominicanos que han pasado y continúan pasando por nuestros juegos.
 
Esta es una carta de compromiso y amistad. Aunque las generaciones de jóvenes que se unen a Sonríe y Crece vayan sucediéndose año tras año, seguimos unidos por un objetivo común.

 

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LÁZARO Y EL PESO DE LOS NOMBRES

 
 
Este fin de semana, en que celebramos el Vigesimosexto Domingo del Tiempo Ordinario, siguiendo el ciclo C de las lecturas, en la misa oiremos la conocida parábola del pobre Lázaro y del rico que lo ignoró (Lc 16,19-31), una narración hermosa e inquietante que, como otras parábolas memorables de Jesús (la del buen samaritano, la del hijo pródigo, la del administrador astuto, y otras) solo encontramos en el evangelio de Lucas.

Hay un detalle en el que vale la pena que nos detengamos: Jesús, al narrar la historia, da nombre al pobre (“un mendigo llamado Lázaro”), pero no al rico. La tradición ha querido corregir esta supuesta deficiencia del texto, llamando Epulón al potentado, pero se trata de una práctica tardía (parece que se origina con Pedro Crisólogo en el siglo V), ajena a la Escritura.
 
Varias cosas llaman aquí la atención: en primer lugar, no es nada común que el protagonista de una parábola tenga nombre. De hecho, Lázaro es ni más ni menos que el único personaje de una historia contada por Jesús que lo tiene. ¿Cómo se llamaban el padre del hijo pródigo y sus dos hijos, o la mujer que perdió la moneda, o el hombre que cayó en manos de unos bandidos camino a Jericó, o el samaritano que lo socorrió, o el sacerdote que pasó de largo, o…? No se nos dice, nunca se nos dice: al contar sus historias, Jesús presenta a sus protagonistas como prototipos representativos, ejemplos de actitudes y de formas de ser que no deberían convertirse en personajes demasiado concretos: sus héroes y villanos son “un hombre”, “una mujer”, “un padre”, “un hijo”, “un rico”, “el dueño de una viña”… de entre todos ellos, solo Lázaro tiene nombre.
 
En segundo lugar, sorprende el hecho de que, en la misma parábola, uno de los dos protagonistas tenga nombre y el otro no. Y, en todo caso, tal vez más de uno hubiese esperado que, si así iban a ser las cosas en esta ocasión, Jesús diese nombre al rico, a la persona importante, exitosa y conocida, y no al miserable mendigo. «A las puertas de la mansión del rico Epulón había un mendigo», hubiese podido empezar Jesús, y a todos nos hubiese parecido muy bien. Pero hace justo lo contrario: «Había un rico que banqueteaba a diario, y a las puertas de su casa solía pedir limosna un mendigo que se llamaba Lázaro».
 
Nada de eso es casual (como nada es casual en los evangelios), ni mucho menos una deficiencia del texto. Todo lo contrario: se trata, sin duda, de un recurso narrativo muy pensado, con su propio significado y función.
 
Dando nombre al pobre, Jesús realza su humanidad: y así, en vez de cosificarlo, en vez de convertirlo en una cosa (“un mendigo”), hace que los que escuchamos la historia lo veamos como a una persona, como a alguien que una vez tuvo una familia, unos padres que, cuando él nació, le dieron ese nombre. Lázaro tiene una historia, como todo el mundo.
 
Y, al dar nombre a Lázaro y así humanizarlo, Jesús está señalando que el problema del rico era precisamente este: que no sabía ver al mendigo que agonizaba a la puerta de su casa como al ser humano que era. Ciertamente, no lo veía como a su igual. Ni en vida (pues de haberlo hecho lo hubiese atendido, conmovido ante la abyecta pobreza del indigente), ni tampoco lo vio como a su igual después de muertos los dos, cuando lo trató, en todo caso, como a su inferior, alguien a quien no quiso dirigir la palabra ni una sola vez, y en quien descubrió, de hecho, a un esclavo: «Padre Abrahán», dirá el rico, «manda a Lázaro a que me traiga agua, envíalo a mi casa a advertir a mis hermanos»…
 
La parábola, así, revela en toda su crudeza una de las peores consecuencias a la que puede llevarnos la idolatría del dinero: a pensar que solo quien lo tiene (y lo tiene en abundancia) es persona; que quien no tiene nada, o tiene poco, queda privado, por sus carencias, de la humanidad.
 
Pero hay más: si el texto subraya la humanidad del pobre al darle un nombre, ¿qué consigue dejando sin nombre al rico? También ahí hay un mensaje. Un mensaje doble, de hecho. Por un lado, Jesús nos invita, como siempre que los personajes de sus parábolas son anónimos, a que nos identifiquemos con ellos y nos preguntemos, en este caso: ¿Seré yo el rico? ¿Seré yo de los que desprecian, ignoran y se olvidan de todo aquel que no tiene dinero?
 

Pero en esta ocasión, además, al dejar sin nombre al rico, en marcado contraste con el pobre Lázaro, Jesús nos quiere hacer ver que, mediante su desprecio del mendigo, ese rico se estaba negando la humanidad a sí mismo. Su falta de empatía y de solidaridad lo convertían en aquello que despreciaba. Porque ser humanos es ser misericordiosos y solidarios: «Fulano es muy humano», decimos, para indicar que alguien muestra mucha compasión con quienes sufren, y se solidariza con ellos. La honda indiferencia que mostraba el rico dañó a Lázaro, sin duda, a quien hubiese podido ayudar; pero también dañó profundamente al mismo rico: ignorando a Lázaro, el potentado se negó la oportunidad de ejercer de ser humano. Se deshumanizó.
 
La lección del juego narrativo de Jesús, en definitiva, nos invita a no negarle el nombre a nadie. Reconocer que todo el mundo tiene uno, y que nadie debería ser cosificado es el primer paso, básico y fundamental, para empezar a ver a todos los que se cruzan por nuestra vida (sea cual sea su condición) como a las persona que son. Es decir, para verlos tal y como Dios los ve. Y es el primer paso, también, para no perder nosotros la humanidad que nos dignifica y nos hace ser quien somos.
 

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DESASTRE FORESTAL EN BOLIVIA

Desde hace varias semanas, medios de todo el mundo han informado ampliamente de los grandes incendios que están asolando el Amazonas. El equipo de la Comunidad de San Pablo en Cochabamba nos cuenta cómo esta desgracia está afectando particularmente a Bolivia.
 
Desde hace dos meses, varios incendios invaden uno de los pulmones más verdes de Bolivia. Los noticieros hablan de más de dos millones de hectáreas quemadas en la zona de la Amazonía, la Chiquitanía y el Chaco boliviano. Se trata de un verdadero desastre ambiental para la fauna y la flora, así como humanitario, para los indígenas que habitan esas tierras, que lo están perdiendo todo.
 
Cada año, en esta época del año, se realizan los “chaqueos”, o quemas controladas, para preparar el terreno para la siembra o para la crianza de ganado. Normalmente no escapan del control humano, pero este año el gobierno boliviano ha aprobado un polémico decreto que promueve la ampliación de la frontera agrícola en zonas de bosques permitiendo la “quema controlada” y el asentamiento de nuevos colonos de otras zonas del país. Esto ha provocado que las quemas tradicionales se hayan descontrolado, causando la presente situación.
 
Varias instancias del país, entre ellas la Conferencia Episcopal Boliviana, están pidiendo a gritos que el gobierno declare una emergencia nacional en las zonas afectadas, y que se abra a la ayuda internacional de expertos para controlar los incendios. Además, para poner freno a esta catástrofe medioambiental muchas voces también solicitan la prohibición inmediata de los chaqueos así como de la instalación descontrolada de los nuevos campesinos en tierras de la zona no aptas para la agricultura. Esperamos que de manera inmediata y urgente se tomen las medidas para frenar esta tragedia que está afectando al país.

 

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NUEVO PROYECTO PASTORAL DE LA COMUNIDAD DE SAN PABLO EN MÉXICO

 
La CSP está presente en la Ciudad de México mediante dos proyectos pastorales distintos: por un lado, en el sur de la ciudad coordinamos el Centro Comunitario de Desarrollo Infantil “San José”, en el que 122 niños y niñas menores de 6 años de un asentamiento irregular reciben a diario una atención integral en la etapa crucial de la primera infancia, y, por otro lado, en el poniente de la gran urbe apoyamos el trabajo pastoral y social en un barrio popular de población trabajadora.
 
Después de haber trabajado durante cinco años como vicario parroquial en esta segunda zona pastoral de la arquidiócesis, Pablo Cirujeda fue recientemente nombrado rector de la Rectoría Nuestra Señora del Rosario. Como responsable de esta parroquia atenderá una población de unas seis mil personas, en su mayoría familias humildes y de escasos recursos. Junto con la coordinación de los diferentes programas pastorales (catequesis infantil, pastoral de los enfermos, pastoral sacramental, etc.) también está abriendo espacios para el desarrollo comunitario, como talleres de artesanías para niños y jóvenes, activación física para adultos mayores, y un centro de escucha terapéutica, y se está integrando con otras instituciones y agentes sociales de la zona para iniciar un programa de capacitación laboral para jóvenes.
 
Este nuevo reto pastoral se suma a los esfuerzos que la CSP realiza para que sus compromisos aborden una evangelización integral de la persona, entendiendo la pastoral como un camino que abarca todas las dimensiones personales, familiares, y sociales del ser humano.

 

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LA AMISTAD CON LOS POBRES NOS HACE AMIGOS DE DIOS

 
Escucho esta canción: "La amistad con los pobres nos hace amigos de Dios, la amistad con los rotos, con los solos…con Dios". De los últimos años de mi intensa vida de misión en República Dominicana, con muchos proyectos y actividades interesantes, con muchos logros y muchos aprendizajes, recuerdo hoy en especial a Tomás.
 
Tomás falleció hace unos meses. Tenía entre 60 y 70 años, ni él mismo lo sabía. Un hombre solo, a quien el azar de la vida llevó a Sabana Yegua. Sus hermanos y familiares se afincaron en otros pueblos y lo visitaban cuando sus ocupaciones se lo permitían. Tomás era un miembro activo de la Parroquia, acudía a las misas dominicales y también a las asambleas parroquiales. Es curioso cómo conocemos a mucha gente, pero hasta que no tenemos una relación más personal no conectamos con su chispa. Y eso me sucedió a mí. Él era uno más, un hombre mayor que salía adelante en la vida a pesar de una importante limitación intelectual que no le dejaba trabajar.
 
Nuestra amistad, o al menos el cariño mutuo, empezó cuando se le presentó una psoriasis tremenda en todo el cuerpo. Sin tapujos ni vergüenzas levantaba la camiseta y me mostraba el torso, como lo mostraba a otras personas, y nos explicaba el dolor que le producía y los múltiples ungüentos que se había aplicado. Muchos preguntaban si lo que tenía era contagioso pues hacía de mal mirar. Me negué a darle una ayuda económica para ir a una curandera supuestamente milagrosa de la capital y eso me comprometía con él. Conseguimos una dermatóloga especializada y fuimos juntos a Santo Domingo, ¡qué viaje! Ese hombretón de 1,90 tuvo que apoyarse en mí al subir por primera vez las escaleras mecánicas del metro. ¡Reímos mucho!
 
Al cabo de unos meses ya no quedaba rastro de la psoriasis, y me lo mostraba orgulloso levantándose la camiseta ¡cada vez que me veía! Pero ni Tomás ni yo somos los protagonistas de esta historia. ¿Quién le ayudó a no olvidar ponerse las cremas por la mañana, al mediodía, por la noche? ¿Quién le mantuvo la pobre casita limpia? ¿Quién le hacía la colada? Las vecinas. ¿Quién le daba de comer y le regalaba ropa? Las vecinas.
 
En estos últimos meses Tomás enfermó de nuevo, era diabético y se le iban acumulando otros dolores. Tuvimos que correr al hospital con él totalmente alterado y descompensado por el azúcar. Finalmente murió. ¿Quién limpió su cuerpo y lo vistió para que quedara digno? ¿Quién barrió y adecentó la casa y sirvió refresco para todos los que se acercaban a dar el pésame? Las vecinas. ¿Quién le acompañó hasta su sepultura en el cementerio? Las vecinas. Las valerosas y cariñosas vecinas lo hicieron siempre, desde que lo conocieron, con una naturalidad deslumbrante: atender al vecino que no puede valerse era para ellas algo normal. Quizás ellas intuyen desde el fondo de su corazón esta bonita frase de la canción: La amistad con los pobres nos hace amigos de Dios.

 

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