la sagrada familia

«LOVE + FAITH DOMINICANA»

 

Marie Claire Lanser, una amiga de la CSP de Milwaukee, nos envía este hermoso testimonio:
 
A nuestra Cooperativa de Costura la llamamos «LOVE + FAITH DOMINICANA». Es un grupo de mujeres emprendedoras y llenas de talento que cosen colectivamente una variedad de artículos para ayudar a alimentar a sus familias y comprar máquinas de coser para iniciar con orgullo sus propios negocios.
 
Todo esto comenzó durante un retiro de Cuaresma en “La Sagrada Familia”, la parroquia hermana de la Arquidiócesis de Milwaukee en Sabana Yegua (República Dominicana) que tuvo lugar en marzo de 2018. Hasta la fecha, la Cooperativa de Costura ha tenido ya unos beneficios de más de $12,000.
 
El proceso comienza con la compra y donación de telas e insumos que se transportan en maletas desde Milwaukee hasta Sabana Yegua. Luego, gran parte de la costura se realiza en el “Centro de Costura La Sagrada Familia”, donde costureras expertas y principiantes de todas las edades se reúnen para coser, hablar, reír y decidir en qué puede convertirse cada pieza de tela. Las niñas observan y aprenden dele ejmplo de las mujeres trabajando juntas.
 
Lo que sucede después es que los productos cosidos se empaquetan en maletas y se envían de regreso a los EE. UU. con sacerdotes visitantes y peregrinos de muchos grupos arquidiocesanos. Luego se venden, dondequiera que podamos encontrar un puesto. Todo el dinero recaudado se envía a la cooperativa de costura.
 
Agradecemos a «Calico Corners» de Brookfield, cuyo propietario continúa donando generosamente muestras y restos de telas de diseño para que los bolsos sean distintivos.
 
A partir del verano de 2023, también vedemos artículos hechos con alpaca, procedentes de un grupo similar de mujeres de Bolivia, que crían sus propias alpacas. Hemos enviado $1.530 a estas mujeres en tres meses.
 
Agradecemos a Marie Claire por su apoyo a nuestras misiones en República Dominicana y Bolivia.

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MUJERES EN MISIÓN: SOLIDARIDAD POR PARTIDA DOBLE

 

En el pasado mes de marzo se celebró en los EE. UU. el evento “MUJERES EN MISIÓN: CELEBRANDO LA LLAMADA MISIONERA DE LAS MUJERES”, auspiciado por la Oficina de Misiones de la Arquidiócesis de Milwaukee. En dicho acontecimiento fueron reconocidas dos mujeres, y una de ellas fue Idalia Nieves-Reyes. El premio “CONSTRUCTORA DE PUENTES” es inspirado por la Hermana Frances Cunningham, S.S.S.F., antigua directora de la Oficina de Misiones, y se le concedió a Idalia por su trabajo en la Parroquia Juan Pablo II de Milwaukee en la campaña de Cuaresma de 2022. El proyecto que ella gestionó, “Derecho a una Vivienda Digna”, recaudó fondos para la construcción de tres casas en la parroquia La Sagrada Familia de Sabana Yegua (República Dominicana).

Idalia quiso destinar el premio monetario que recibió a las mujeres de La Sagrada Familia. Así, el domingo 28 de mayo, con motivo del día de las madres, decidimos realizar una hermosa fiesta. En esta ocasión dimos prioridad a las madres jóvenes. En República Dominicana, y especialmente en la región suroeste del país, hay muchas madres jóvenes vulnerables, solteras o con varios hijos, con situaciones socioeconómicas muy difíciles. Invitamos a esta población para expresarles un reconocimiento, para rendirles homenaje y recordarles su gran valor. El evento tuvo la participación de la Dra. Gloria Adames, quien compartió consejos en la crianza de los niños con una charla distendida y dinámica. Al final se obsequió a todas las madres con una merienda y un regalo. La jornada fue formativa, relajada y gozosa. Agradecemos desde aquí a Idalia Nieves-Reyes por su entrega, generosidad, y solidaridad por partida doble.

 

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OFTALMÓLOGOS DE WISCONSIN REALIZAN CAMPAÑA MÉDICA EN LA REPÚBLICA DOMINICANA

Un año más, un grupo de oftalmólogos y voluntarios de los EE. UU. se desplazó a Sabana Yegua (República Dominicana) para llevar a cabo una campaña de atención a personas con problemas visuales.

 

Hace ni más ni menos que 16 años un grupo de oftalmólogos de Kenosha (Wisconsin, EE. UU.) viajó por primera vez a la parroquia de La Sagrada Familia de Sabana Yegua (República Dominicana), que está al cargo de la Comunidad de San Pablo, para realizar allá un operativo médico. Nadie podíamos imaginar, en aquel momento, que aquello era el inicio de una relación que se ha prolongado hasta hoy.

Del 6 al 14 de febrero de este 2023 tuvimos la decimosexta campaña oftalmológica. En esta ocasión diecisiete voluntarios (entre oftalmólogos, asistentes, traductores) viajaron a Sabana Yegua. Pudieron visitar y ofrecer tratamiento a 785 personas, llegadas de Sabana Yegua y de todas las comunidades rurales aledañas que conforman la parroquia La Sagrada Familia.

Durante el año se dará seguimiento a unas cincuenta personas que necesitan cirugía (cataratas, pterigión, etc.), y que serán operadas en los próximos meses.

Desde aquí agradecemos sinceramente el compromiso de nuestros amigos de Kenosha, que son una luz de esperanza para todas las personas necesitadas de ayuda en el tratamiento de su vista en nuestras comunidades de República Dominicana.

 

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CELEBRACIÓN DE LOS CUARENTA AÑOS DE LA PARROQUIA LA SAGRADA FAMILIA EN SABANA YEGUA (REPÚBLICA DOMINICANA)

 

En este pasado mes de octubre concluyeron las celebraciones de los cuarenta años de la parroquia La Sagrada Familia, en Sabana Yegua (Diócesis de San Juan de la Maguana, en la República Dominicana). Como ya saben los lectores de este Blog, “La Sagrada Familia” (fundada en 1981) es la parroquia hermana de la Arquidiócesis de Milwaukee. Desde 2003 (es decir, prácticamente la mitad de la historia de la parroquia) “La Sagrada Familia” ha estado al cargo de miembros (sacerdotes y laicos) de la Comunidad de San Pablo.
 
Para culminar las celebraciones del 40 Aniversario, el pasado 16 de octubre se celebró una misa en Sabana Yegua con presencia de Mons. Jerome Listecki, arzobispo de Milwaukee, Mons. Tomás Alejo, actual obispo de San Juan de la Maguana, Mons. José Grullón, obispo emérito de San Juan, varios sacerdotes y muchas personas venidas de todas las comunidades rurales aledañas a Sabana Yegua, que forman parte de la parroquia. Un grupo de 20 peregrinos de Milwaukee también estuvieron presentes, encabezados por Antoinette Mensah, directora de la Oficina de Misiones de la Arquidiócesis de Milwaukee. Fue una gran fiesta: después de la Eucaristía hubo bailes, danzas tradicionales, música y se compartió un almuerzo para más de 600 personas.
 
Fue, en definitiva, una bonita ocasión para celebrar cuatro décadas de solidaridad entre dos iglesias hermanas. En la Comunidad de San Pablo nos alegramos profundamente de haber sido parte de esta historia desde hace ya casi veinte años, y miramos con esperanza el futuro de “La Sagrada Familia”, que tanto bien ha hecho (¡y quiere seguir haciendo!) en esta zona del suroeste de la República Dominicana.

 

 

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MI EXPERIENCIA EN LA REPÚBLICA DOMINICANA

Este verano un grupo de seminaristas de la Arquidiócesis de Milwaukee en los EE. UU. visitó La Sagrada Familia, la parroquia hermana de Milwaukee, que está al cuidado de miembros de la Comunidad de San Pablo. Al regresar a los EE. UU., después de los meses en la República Dominicana, uno de ellos escribió la siguiente reflexión, que compartimos aquí.

 

Durante los dos últimos meses, mi nombre no fue Craig ni Jeffrey, mi nombre y segundo nombre. Mi nombre fue Gregorio, un nombre mucho más común y más fácil de pronunciar para un hablante nativo de español. El cambio de nombre es un recuerdo divertido y alegre de los dos meses pasados ​​en La Sagrada Familia en República Dominicana. También es un recordatorio de que Dios usó la experiencia para cambiarme para mejor. Aunque podría escribir páginas sobre cómo me ha impactado mi tiempo allí, hay tres que quiero destacar especialmente: un mayor celo por predicar el Evangelio, una comprensión más profunda del gozo del sacerdocio y una mayor confianza en el Señor.
 
A menudo siento la necesidad de tener todo planeado, especialmente cuando se trata de asuntos de fe. Sin todas las respuestas, me preocupa perder la oportunidad de dar un testimonio convincente del Evangelio. Este verano, Dios me ha asegurado que no importa a dónde vaya o cuán preparado me sienta, Él está presente y trabajando. Una mañana, por ejemplo, me acerqué a ver un entrenamiento de béisbol juvenil en la ciudad. Me senté allí durante casi una hora, hablé un rato con el entrenador y algunos de los jugadores y luego me fui a casa. Mientras caminaba por la calle de regreso a casa, uno de los jugadores jóvenes comenzó a caminar a mi lado. Le pregunté si sabía el Padre Nuestro y, durante los siguientes cinco minutos, caminamos con las manos cruzadas sobre el pecho rezando el Padre Nuestro mientras la gente en la calle nos miraba y escuchaba pasar. Un entrenamiento de béisbol se convirtió en una oportunidad para guiar a otros en la oración, una oportunidad que no habría surgido si me hubiera quedado quieto hasta que me sintiera totalmente preparado para comunicar la Buena Nueva. Dios no solo me dio la oportunidad de difundir el Evangelio, sino también las palabras y acciones para hacerlo.
 
Aunque he conocido a sacerdotes y he pasado tiempo en parroquias, nunca había pasado tanto tiempo con sacerdotes fuera del seminario en un entorno parroquial como este verano. Estuvimos cada día con el P. Javier, el párroco actual de La Sagrada Familia, y el P. Bob (un sacerdote de la Arquidiócesis que estuvo ayudando durante tres meses), celebrando los sacramentos, comiendo juntos, viajando y compartiendo conversaciones. Además del P. Javier y el P. Bob, pasamos tiempo con sacerdotes y obispos de la diócesis local, sacerdotes de Antigo, WI, Virginia, el rector del seminario menor, el P. Luke Strand, quien vino a visitarnos desde Milwaukee, un sacerdote cubano que sirve en la catedral de Santo Domingo y seminaristas de la diócesis local. Los sacerdotes con los que tuve la oportunidad de charlar y pasar un rato tenían diferentes personalidades, antecedentes y años de sacerdocio, pero el amor y la alegría que compartían con mis compañeros de clase y conmigo por el sacerdocio y la misión de la Iglesia era innegable. Fue algo que me hizo ver que mi vida como sacerdote estará llena de alegría y fraternidad.
 
Por último, estoy más convencido de que el Señor dará fruto de las semillas que me pide sembrar en la vida de los demás (Mateo 13). En cuarenta años, la parroquia ha crecido de unas pocas capillas a más de quince, y algunas de las comunidades han crecido hasta el punto de convertirse en parroquias. La parroquia ha establecido centros de salud y de nutrición donde la gente puede recibir atención médica básica y traer a sus hijos para la educación y la comida. Escuché a los feligreses hablar sobre el impacto que los sacerdotes anteriores han tenido en sus vidas, y es obvio que estas comunidades han ido creciendo en madurez cristiana. Como todos, estoy llamado a sembrar semillas en la vida de los demás y confiar en que Dios traerá el crecimiento (Mt 13). Mi tiempo en la República Dominicana, viendo el crecimiento que Dios ha producido durante cuarenta años en esa región, es un testimonio convincente de que Dios traerá el crecimiento que desea de las semillas que me pide que siembre.
 
Soy Craig, soy Gregorio, y mi vida ha cambiado gracias a los dos meses que pasé en la República Dominicana. Alabado sea Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo por las gracias de la confianza para salir y difundir el Evangelio, la convicción de que mi llamada vocacional está llena de vida y alegría, y una confianza renovada en el poder de Dios, para hacer crecer las semillas que me pide sembrar.

 

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